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Felicitaciones; Valentine
Topic Started: 12 Jul 2014, 12:49 AM (153 Views)
Clou
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A través de los cristales los pisos iban sucediéndose borrosamente mientras el elevador continuaba eficientemente su trayectoria. Tamborileó con sus dedos sobre una barra metálica que lo circundaba. En una esquina, próxima a las puertas automáticas, una pantalla digital informaba en todo momento del trayecto. Sólo podía haber algo más vertiginoso que aquel ascensor: un ascensor de cristal en la fachada del edificio. Lamentablemente el diseño; que contaba con varios ascensores entre los principales y secundarios; jamás sopesó esa posibilidad. Y no lo reprochaba, un injerto como ese en medio de la fachada puntiaguda (por muy de cristal que fuera) afearía la estética subliminal. El edificio debía verse como un camino de luz que se perdía en las nubes. Y para alcanzarlas no había ascensores externos que valieran.

“…Ministerio de Derechos Sociales y Cultura”

Fue parte de la recitación que se escuchó en el ascensor, pronunciada con una voz joven y femenina, perfectamente vocalizada y carente de sentimientos innecesarios. Era el prototipo de voz más extendido en los edificios públicos, llegó ha hacerse una “votación” (como simple sondeo, no con valor real) para elegir la más adecuada y agradable al oído del trabajador. Existía una amplísima variedad de voces, pero desde hacía años los centros vinculados al gobierno central utilizaban la “oficial”.

Sobra decir que la instalación de dicho sistema operativo en todos los lugares donde aún no estaba, supuso un embolsamiento monetario nada desdeñable

Decididamente Clou sólo podía lamentar una cosa de esa hermosa voz: que no fue su creación.

Ya fuera del habitáculo transparente se encaminó al despacho donde se suponía estaría el nuevo Ministro de Derechos Sociales. El nombramiento era reciente…Supuso todo un escándalo en las altas esferas (donde “escándalo” y “alta esfera” viene a significar: algo que se comenta cual cotilleo en privado). Las reuniones estaban plagadas de grupos hablando del nuevo joven que ostentaba el cargo de un ministerio tan importante. Porque, en contra de la creencia popular, el ministerio de derecho social y cultural era uno de los más importantes de Luxor; sólo superado por los ministerios que abarcaban la tecnología o la defensa/justicia en la ciudad. ¿Y a qué se debía tal relevancia, por encima incluso de la sanidad? Clou rodó los ojos lentamente leyendo las letras de la puerta: Valentine DeWitt. La respuesta era sencilla, este modesto ministerio trataba directamente con todos los habitantes lo que incluía todas las clases sociales, todas las razas…Y de él dependía su defensa. Por eso era también el ministerio más vigilado, deseado y temido. Vigilado porque de él podía partir cualquier acto rebelde (aunque jamás se había dado el caso), deseado porque era uno de los cargos más solicitados y mejor mirados de la ciudad, temido porque los enemigos acechaban en cualquier esquina esperando el más mínimo error para cobrarse su premio.

Se desabotonó la chaqueta negra que caía hasta un poco más de la cintura, no necesitaba recolocarse la pulcra camisa blanca pues seguiría tan fabulosa como cuando salió de casa (era tejido de calidad, nada de arrugas) y abrió sin golpear la puerta. Ya había anunciado su llegada en la recepción: Clou Murray, representando a la cámara de comercio. Habían dejado educadamente un día para que el nuevo ministro se adaptara a su despacho, pero no deseaban retrasar más la visita. Especialmente él, que quería ver de una vez a ese “joven” del que tanto se hablaba.
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DeWitt
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Tamborileó con los dedos en la mesa, un montón de papeles entre manos y la vista enfocada más allá de la ventana. Estaba pensando, un tanto inquieto la verdad, sintiéndose estúpidamente perdido ahora que tenía intimidad. El intercomunicador acababa de indicar una importante visita y él no se la esperaba -no ahora-, Cameron estaba fuera del despacho buscando unas claves extraviadas para el ordenador y se le antojó repentinamente que enfrentarse al excéntrico Murray era demasiado complejo para su segundo día.

¿No había piedad para DeWitt? Carraspeó y liberó una breve risa. Estaba exagerando. Tampoco conocía al joven multimillonario en persona pero su fama le precedía, por supuesto, además abía que todos los políticos buscaban en un momento u otro su apoyo a nivel económico y social, A fin de cuentas era representante no sólo de un inmenso emporio si no de una afamada estirpe, por no hablar de que los comerciantes en general eran unos chismosos.

Amén de ese lapsus dónde trataba de poner en orden sus pensamientos, y buscar un modo de atacar todos los informes que aún descansaban sobre su mesa, Valentine sentía un enorme deseo de café. Ni siquiera podía creer la cantidad de cosas en las que su viejo predecesor era capaz de meter la nariz, y, por consiguiente, él debía repasar...

Llevó un dedo al teléfono para indicarle a la recepcionista que tratara de retener al señor Murray; pero a penas rozó el botón con la yema su despacho se abrió. Valentine alzó una ceja, que tembló a penas llena de molestia, mientras veía la figura alta y elegante colarse al interior. Parpadeó acertando a dibujar una educada sonrisa y levantarse como un pequeño resorte. Al darse cuenta de su reacción le dio la risa; pero ese pequeño humor para consigo mismo sólo iluminó sus ojos plomizos.

- Vaya, el señor Murray ¿no es así? No debió molestase en venir hasta aquí... pero su presencia es muy halagadora ¿Puedo hacer algo por usted?

Alargó una mano para estrechar la del destacado empresario, imaginando que ahora compartirían un montón de frases educadas y fórmulas de rigor -como venía pasándole desde el día anterior cuando se cruzaba con algún “compañero” de profesión -.
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Clou
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Al entrar le pareció ver como el ministro DeWitt se levantaba cual resorte ante su presencia; pero no podía asegurarlo. En cualquier caso fue una acción que le pareció adorable y muy halagadora, por eso ocultó una tímida sonrisa. ¿A quién no le gustaba que las personas se levantaran en su presencia?

Pasaron escasos segundos hasta que sus manos se estrecharon en un educado saludo. Fue tiempo suficiente para poder generarse una primera impresión del joven: delgado sin llegar a parecer enfermizo más bien era el físico propio de una persona de oficina, con una piel blanca que casi brillaba bajo la luz artificial del edificio, unos bonitos ojos azul oscuro…Era un muchacho, un muchacho muy hermoso. Los viejos de la cámara de comercio lloraran por las esquinas lamentando no haber venido.

Y yo reiré regocijándome en mi buena suerte y describiéndole lo hermoso que se veía frente a las cristaleras del despacho pensó permitiéndose esa inocente crueldad hacia sus compañeros. Realmente los más ancianos de la cámara no tenían malicia; no más que la de cualquier otra persona con poder de la ciudad; pero tenían sus puntos negativos. Y en este caso concreto se lamentarían por haberse desecho del compromiso.

Apretó suavemente la mano del ministro dejando que las pieles se rozaran sutilmente justo antes de liberarla.

-En absoluto, para mi es un placer haber venido. Deseaba transmitirle las más sinceras felicitaciones por su reciente ascenso en nombre de toda la cámara de comercio-transmitió el mensaje con la mejor de sus sonrisas, con naturalidad, haciendo que “una sola persona representando a toda una cámara” pareciera el más insignificante de los detalles.

Girando sutilmente la cabeza, haciendo que su densa melena de oro viejo se moviera sobre sus hombros, ojeó las sillas frente a la mesa. Acarició el respaldo de una de ellas.

-Claro que puede hacer algo por mi señor DeWitt-la voz sonó sugerente, dejando una provocativa pausa antes de continuar-puede invitarme a tomar asiento–finalizó el misterio-Además, le he traído un regalito-indicó alzando un dedo. Sacó de uno de sus lados una caja de tamaño medio, con un asa de terciopelo para poder llevarla. Se la ofreció al joven DeWitt. Dentro encontraría una botella de licor luxoriano con un par de vasos de cristal a juego; él mismo había elegido el licor para que fuera lo suficientemente fuerte para despejarse de buena mañana (o en las noches largas) pero no tanto como para embriagar a un trabajador.

Ya había entregado el mensaje de los comerciantes. Ahora quería darle el regalo que le había traído, sentarse y hablar un rato con él. No había superado a una secretaria, conquistado a un recepcionista y perdido horas de su día para marcharse sin catar al nuevo ministro.
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DeWitt
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El apretón delicado sorprendió al joven ministro, que se esperaba algo más agresivo, más firme, aunque continuó sonriendo como si sentir el hormigueo de sus pieles rozándose fuese otro modo común de presentación.
Recibió un puñado de esperadas palabras de felicitación y cuando la figura del empresario se alejó, pasando al interior del despacho, supo que se aquella reunión se alargaría. Cerró la puerta y dirigió los pasos hacia su mesa. Tampoco le desagradaba tener unos minutos de conversación con alguien ajeno al edificio.

-Gracias por la molestia. Espero que trasmita mi sincero agradecimiento a sus colegas -devolvió cortés, aunque sincero, porque le agradaba recibir el interés de un grupo tan importante de ciudadanos. No era moco de pavo, sabía que tendría que llevarse bien con ellos pues representaban una mayoría entre los estratos más influyentes de la ciudad. Además la soltura de Murray le llamaba la atención. No era ciego al tipo de persona que tenía delante y quería saber si esa figura pública vista en televisión o actos sociales era real u otra máscara más.

Lo que no esperó realmente fue escuchar ese tono de voz juguetón surgir del empresario, por un momento esperó recibir una propuesta indecente pero no fue así, y tuvo que ahogar un acceso de risa. Empezaba a encontrarle entretenido cuanto menos.

-Por supuesto... por favor, siéntese -Valentine hizo lo propio en su asiento de cuero mullido y oscuro, que aún guardaba la forma del anterior propietario pero que aún así estaba planteando quedarse, era sumamente cómodo, y entonces recibió el regalo. Alzó las cejas sorprendido, apretando los labios un segundo después y negando. Levantó ambas manos ante la elegante caja que se le ofrecía -. Estoy seguro de que es un magnífico detalle de parte de su gremio señor Murray; pero, en verdad, no debió molestarse.

Durante un momento confuso se planteó seriamente si aceptar o no el presente. Podía traer muchas connotaciones -su mentor le había avisado antes de dar el “salto”-. Si aceptaba podía estar aceptando algún tipo de acuerdo invisible, pero, rechazar un regalo de la cámara de comercio también podía traerle consecuencias con aquellos ciudadanos. Así que buscó el modo de sortearlo educadamente.

-Para mí es suficiente con su apoyo al gobierno -aunque se moría por saber qué había en la caja.
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Clou
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La silla para las visitas no era tan espectacular como la del ministro, pero sin duda era cómoda. De cuero, mullida, con respaldo a media espalda. El diseño era un poco antiguo; probablemente del gusto del anterior dueño; aunque eficiente. Por no hablar de lo elegante que quedaba el color negro recortado contra el blanco de las luces del ventanal.

Sin embargo por muy elegante que fuera el despacho lo que más le interesaba estaba sentado frente a él. Desde su posición podía ver a DeWitt dudar, sopesar si aceptar o no el regalo. Clou podía imaginar exactamente lo que pasaba por la cabeza: ¿Será un soborno? ¿Buscará algo? ¿Debo aceptarlo? ¿Cómo lo podría rechazar educadamente? Mientras DeWitt miraba la caja él lo observaba a él, sin perder detalle, mordiéndose distraídamente el dedo índice. Estaba disfrutando muchísimo.

Recolocó la mano antes de que el ministro se girara hacia él para darle una respuesta inteligentísima.

Este muchacho no es tonto; os será difícil manejarle pensó fascinado por la respuesta. A diferencia de otros compañeros él no menospreció al joven, aún antes de conocerle, pero escucharle hablar con tanto acierto le confirmaba que no estaba ahí por su cara bonita (que igualmente la tenía).

-El apoyo del gobierno se lo va a tener que ganar, eso sin duda. Aunque no dudo que está sobradamente capacitado. Pero para ello va a tener que contar con amigos…Aunque probablemente nunca serán sus amigos completamente-la confesión podía parecer cruel, pero era sincera y real como la vida misma. Clou le estaba regalando una sinceridad que casi nadie; cuando atravesara la puerta del despacho; le daría. ¿Sería DeWitt capaz de apreciarlo? ¿O estaba poniéndolo a prueba demasiado pronto?-Creo que una vez conocí a dos personas que eran amigos sinceros…-hizo una pausa-…¿O lo soñé?-dejó escapar una sonrisa fresca, leve pero arrebatadora, que rompía el silencio del aire como una ráfaga.

Al callar se movió sutilmente en el asiento para señalar el regalo-Usted me necesita de la misma manera que yo le necesito a usted, eso no es un misterio, sucede en todo este edificio…Eso significa que nos veremos más de lo habitual y probablemente yo no seré siempre sincero-clavó sus ojos azules en los petróleo del ministro, felino, aterrador, dispuesto a hacerlo suyo en aquel instante-…o sí lo seré-la expresión cambió mágicamente suavizando la expresión depredadora-Pero hoy, como MI regalo de bienvenida le voy a dar un consejo cien por cien sincero-golpeó la caja con el dedo índice sin evitar que su cuerpo se inclinara ligeramente en la mesa; el pelo dorado calló por uno de sus hombros oscilantemente-Este regalo es el único útil, transparente y carente de segundas intenciones. No siempre será así, pero da la casualidad que hoy sí. A lo largo de esta semana pasarán por esa puerta-con un gesto directo la señaló- numerosos regalos de mierda, hermosos regalos de mierda, caros regalos de mierda, envenenados regalos de mierda, e inútiles regalos de mierda…Con un poco de suerte alguno de ellos valdrá para algo-se encogió de hombros alzando una ceja-Pero este-volvió a señalar la caja-es el único que le merecerá la pena, porque es sincero y sobre todo porque le ayudará a soportar lo que se le viene encima-dijo refiriéndose a la oleada de regalos y visitas.

Volvió a recuperar su cómoda postura en el asiento-Además…Por favor, tenga la amabilidad de compartirlo conmigo…-dio una ojeada alrededor antes de soltar un resoplido a modo de risa-…no creo que le haya dado tiempo de tener nada parecido aquí dentro-

Era de mala educación regalar algo y automáticamente sugerir que el homenajeado lo compartiera; ese tipo de detalles debían salir del propio agasajado. Pero Clou no era hombre de timidez innecesaria y anhelaba saborear el licor.
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DeWitt
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Las advertencias no causaron mucha impresión en Valentine, pues ya conocía aquel juego; pero sí sintió satisfacción de su propia cautela. El hombre en la silla de enfrente no era tonto, tenía experiencia suficiente para venir a su despacho a entablar tan curiosa conversación y sentirse ganador desde el primer momento. Cualquiera hubiese tachado al empresario de excéntrico, incluso de prepotente, pero el ministro se quedó con la cambiante mirada que le advertía sobre cuidar su respuesta y no jugar con aquel tipo, ni las personas a las que representaba, porque tan pronto mostraba la expresión de un niño como la mueca de un depredador. Le ponía nervioso. Debía encontrar rápido una forma de acostumbrarse a él. Si es cierto que no pudo reprimir una risa permisiva -divertida- ante la brutal sinceridad con que se expresaba, poniendo sobre la mesa sus cartas. Valentine llegó a sentirse un poco presionado, pero, fue capaz de imponerse al sentimiento mientras negaba y tamborileaba con los dedos sobre el regalo. Suavemente.

¡Menudo inapropiado!

-En ese caso... sería una locura no apreciar sus buenas intenciones -aceptó comenzando a abrir la caja, buscando directamente en los ojos azules del empresario. Iba a informarse adecuadamente de él, desde luego, nada más dejase su despacho, pero de momento sería mejor comenzar a trabajar en una relación profesional lo más adecuada posible. Dejó atrás el rostro de Murray y centró la atención en la botella y las copas que acababa de revelar. Arqueó las cejas, impresionado-. Ahora entiendo mejor sus palabras -rió de nuevo mientras tomaba las copas, colocando una frente al rubio y otra para si. Sacó la botella, examinando su excelencia, recorriendo la etiqueta con un dedo y moviendo las cejas de forma juguetona antes de descorcharla. No. No tenía nada similar en el despacho, pero, no creía ir a tenerlo incluso tras seis meses. A pesar de que el licor estaba bien y de tener costumbre de brindar y de tomar algunas copas, no se le había ocurrido mantener alguna en la oficina. Sin embargo ideas peregrinas de diferentes usos le asaltaron a la par que vertía el oscuro líquido en ambas copas.

-Creo que se impone un brindis ¿verdad? -bien, iba a aceptar a la cámara de comercio como apoyo en su carrera política, de eso no tenia duda, pero sintió que era lo más recomendable. Aunque aún no tenía tiempo de investigar a fondo los pasos de su predecesor sabía por el informe de Cameron que había mantenido una fructífera relación con ellos durante varios años, y Murray estaba en lo cierto, iba a necesitar amigos (fuese lo que fuese que esa palabra significara en política) porque los que había ido haciendo en su escalada ya no le servirían de mucho llegado el momento. Tomó el delgado cuello de la copa entre dos dedos, la alzó y a penas inclinó su contenido a expensas de la reacción de Murray.
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Clou
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Los ojos de DeWitt le evaluaban. No era un muchacho inocente y poco preparado que aceptase regalos a la primera de cambio. Desde que entró en el despacho dejaba claro que usaba el cerebro. Afortunadamente, para tranquilidad de Clou, el regalo no ocultaba ninguna sorpresa desagradable por lo que el escrutinio era aceptado sin temor. Además, aunque no hubiera sido el caso, Clou tenía pocos problemas en que otros le miraran. Por el contrario, le sostuvo la mirada en todo momento percatándose de las diferentes tonalidades azules que recorrían su iris. Podría decirse vulgarmente que mientras DeWitt pensaba en el historial de Clou, él se recreaba en el atractivo del ministro.

Cuando el contacto visual se cortó la atención pasó al regalo. Clou casi contuvo brevemente la respiración cuando el envoltorio calló dejando a la vista la caja y la hermosa botella de licor con las dos copas a juego. No fue hasta que DeWitt arqueó la ceja y rió examinando la botella, que el nudo del estómago se aflojó relajando su tensión. Es curioso cómo un acontecimiento tan pequeño como ese le mantenía tan emocionado. Y sabía la razón: Se había pasado una hora ¡una hora! Eligiendo el regalo con su hermano pequeño. Si, había sido Rin Murray quien se tomó como tarea personal elegir el regalo para el nuevo ministro. Clou había regalado infinidad de obsequios a lo largo de su vida: ascensos, cumpleaños, aniversarios, festividades, nombramientos, nacimientos, bodas… Por lo que en circunstancias normales habría elegido algún otro objeto, quizás incluso una bebida. Existía una cierta gama de botellas habituales para estos compromisos. ¡Pero jamás habría dedicado una hora entera de su vida a elegir la bebida perfecta (su hermano la calificó de “perfecta”) para el ministros de derechos sociales!

Su hermano le había explicado que el sabor era lo suficientemente intenso como para despejar a una persona, pero que a su vez el contenido de alcohol no era tanto como para verse afectado por un solo vaso. Luego eligió ese embase porque era una “edición limitada inspirada los colores nocturnos de la ciudad” –A saber qué significa eso había pensado cuando su hermano se lo dijo- y los vasos a juego fueron un añadido de última hora. Según él “Quedaría perfecta en cualquier parte del despacho y le ayudará en las noches largas”. No sabía qué le había dado a su pequeño hermano con este ministro, pero desde que leyó sobre su ascenso y supo que Clou iría a darle la felicitación, no había dejado de ser nombrado al menos una vez al día. ¿Quizá fuera por la juventud del ministro? Se llevaba por lo menos ocho años ¿Entonces lo estaría viendo como un modelo a seguir? ¿O se habrían visto alguna vez sin que él lo supiera?

Acercó su copa alzándola para que vertiera parte del líquido elemento en ella. El ministro mostraba una gracia natural para servir bebida, desconocía si estaba habituada a ella o no, pero se desenvolvía con soltura. Aguardó a que se hubiera servido la suya propia, observando cómo caía el líquido color cobre contra el cristal, para levantar nuevamente su copa.

-Porque esté teniendo un feliz ascenso-pronunció a modo de brindis.

Aunque la primera reacción hubiese sido positiva aún mantenía dudas en la boca del estómago, faltaba que le gustara después de probarlo. Había prometido describir la reacción exacta paso a paso en cuanto llegar a casa. Realmente la primera opción había sido grabarlo, pero ambos hermanos rieron consciente de que eso era imposible.
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DeWitt
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Ajeno a la historia que portaba aquella botella de licor Valentine sonrió mientras escuchaba el brindis de Murray. Era un tipo elocuente pese a la excentricidad, tampoco necesitaba horas de charla para llegar a dicha conclusión, pero aún así debía guardar un ápice de recelo. No por nada trabajaban en política y comercio, dos de los oficios con más mascaras del país. Eran jóvenes además, con lo que tenían muchas águilas viejas deseando comérselos en pleno vuelo y muchos pollitos celosos picoteando sus pies.
Escuchó el pequeño “chin” del vidrio entrechocando y una risa leve como espuma de mar escapó de su boca, llevó el borde de la copa hasta sus labios y apuró un sorbo sin quitar los ojos del rostro del empresario.

-Mmh -A penas el licor tocó su paladar liberó un pequeño arrullo de gusto. Al separarse deslizó la lengua por el labio inferior, dejando húmeda la pálida piel de esa zona y observó el liquido cobrizo dentro de la copa. Tenías las cejas arqueadas, una expresión de satisfacción en el rostro. No esperó que fuese tan delicioso -. Está buenísimo... ¿Lo ha escogido usted?

Quiso saber, percatándose de cuan poco apropiado había sonado ese “buenísimo” pero tampoco le dio muchas vueltas. Clou Murray no parecía un tipo al que la elección más elegante de expresiones le importase mucho. Meneó la copa entre los dedos y tomó otro diminuto sorbo. Sí, definitivamente, le impresionó. Buscaría un lugar adecuado en el despacho y sería su pequeña carta comodín en las reuniones complicadas.

-Si es así he de felicitarle por la elección. Hacía tiempo que no probaba algo tan ligero y a la vez intenso. Es un licor perfecto para los negocios ¿no cree? Deberíamos volver a brindar, aprovechando la excepcional calidad... Está vez por el futuro de la cámara de comercio.


[un poco corto, lo siento >_< ]
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Clou
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La reacción del ministro fue automática, en cuanto el licor entró en contacto con su boca. Clou no perdía detalle de cada gesto, cosa difícil teniendo en cuenta que a él también le había cogido por sorpresa el exquisito sabor de aquella bebida. Notó un latigazo inesperado cuando la lengua recorrió el labio inferior. Era un gesto instintivo, lo sabía, pero malditamente atractivo. ¿Qué pasaba con ese ministro? Un par de gestos así a la semana y tendría que instalar aires acondicionados para bajar la temperatura de la sala. Si bien no sería Clou el que protestara por semejante espectáculo delicioso, casi tanto como el licor.

Ha dicho literalmente “buenísimo”, Rin no cabrá en sí de gozo fue su pensamiento correspondiendo a la palabra con una pequeña risa sincera. Le había gustado esa transparencia. Fue como asomarse por la ventana para ver qué había en el interior y descubrir algo que te agrada.

No era la palabra más estricta y protocolaria, pero Clou la prefería por encima de cualquier otra. Después de todo, no era amigo de las rígidas normas políticas; las usaba cuando era necesario y las desechaba en cuanto podía.

Asintió coincidiendo con su opinión, alzó la copa para volver a chocarla con su gemela. Fue agradable y muy considerado por parte de DeWitt brindar por el futuro de la cámara de comercio; se avecinaban tiempos de cambio…Lo llevaba notando desde hacía días cuando visitaba la cámara. Necesitaría que esa frase del ministro se cumpliera más próximamente de lo esperado.

Dio un largo sorbo entrecerrando los ojos. El licor le dejó una sensación cálida, dulce en el paladar e intensa por la garganta. Paladeó y agitó sutilmente el poco líquido que quedaba en la copa; el cobre lamió las paredes de la copa igual que su lengua acariciaba fugazmente sus labios. ¡Ahora comprendía al ministro! Cuando la húmeda lengua recogía los restos del labio una descarga de sabor volaba a su cerebro.

Decididamente debo preocuparme porque mi hermano conozca este dato y no yo

-Es delicioso…Debería avergonzarme por no haber sido quien lo eligiera-confesó dejando su copa en la mesa frente a él, con la esperanza de no acabarse el último sorbo tan rápido. Agitó la cabeza-Es de mi más completa y entera confianza…Me dijo que era un licor perfecto para usted-alzó la mirada para toparse con los ojos metálicos, expresivos y llenos de vida. Antes de que pudiera cubrirlos alguna nube de duda decidió matizar-Yo tampoco sé cómo le conoce tan bien-acompañó su frase con una expresión de desconcierto propio de un hermano mayor que ha descubierto un misterio-Pero me convenció cuando dijo que sería perfecta para sus largas jornadas de trabajo-apoyó el codo en uno de los brazos de la silla y apoyó la barbilla en la mano acariciándose pensativamente la barbilla y los labios con la yema de los dedos-Siendo esta su primera semana, lo creí conveniente, no le faltará trabajo. Ni visitas tan impertinentes como la mía-bromeó con una risa cristalina. Era su manera informar de pedir disculpas por hacer esquivado inteligentemente a su secretaria.

Realmente no consideraba que su visita fuera una molestia, pero sin duda sería la primera de muchas que recibiría. Probablemente las primeras se harían soportables, pero a la larga aparecerían otras más pesadas. Estaba seguro que cuando el “pesado de turno” se marchara, DeWitt daría gracias mentalmente por poder dar un sorbo reconstituyente.

-Procuraré avisar con más tiempo en mi próxima visita-porque iría en más ocasiones. Quizá para la próxima podría traer a su hermano, eso seguro que le haría feliz-…siempre que a usted le parezca bien-arqueó una ceja sugerente. No podía pretender que el ministro le aceptara de buenas a primeras, antes tendría que informarse de quién era, qué relación había tenido en todos esos años con el ministerio, e infinidad de datos más…Tras todo eso aguardaría por su reacción, sería sólo entonces cuando podría saber a ciencia cierta si DeWitt le aceptaba o no.
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DeWitt
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Menuda sorpresa. Clou Murray no escogió el regalo, aunque a ojos de DeWitt bien podría haberlo hecho, sin embargo, conocer ese detalle le hizo arquear las cejas en curiosidad y estaba a punto de trasmitir dicha intriga cuando el ejecutivo se adelantó proporcionando una misteriosa respuesta.

Una persona de confianza ¿eh? Que no parecía tener nombre y que sin embargo le conocía bien. Eso inquietó al ministro pero supo ocultar la expresión turbada tras una elegante sonrisa. Sabía que su trabajo implicaba revelar datos de si mismo al público, no pasaba nada porque conociesen gustos personales o la mayoría de sus movimientos habituales, era, de hecho, algo con lo que debía contar, pero no resultaba menos perturbador. Al menos para él. Todavía estaba acostumbrándose. Aunque bien mirado quizá sólo se trataba de una secretaría muy afanosa. Decidió posar la copa sobre la mesa y estudiar el cambio de posición de Murray. Confiado. Llenando el ambiente con su confiada persona.

-A decir verdad... es usted un hombre de lo más curioso. Será agradable contar con su impertinente presencia en nuevas ocasiones -devolvió la broma, incluso atreviéndose a guiñarle un ojo. No le consideraba impertinente para nada, incluso con la abrumadora primera impresión de aquel tipo debía reconocer que le caía en gracia. Aun no hablaba de negocios y en su puesto actual no podía dar nada por sentado, mucho menos con una única visita, pero le agradó dejarse llevar de momento -. Espero que le trasmita mi agradecimiento a esa misteriosa persona que tan bien conoce mis gustos.

Valentine se recostó a su vez contra el respaldo mullido de su sillón, el cuero viejo de este rechinó y después se adaptó a la forma de sus hombros. Era agradable, casi como un abrazo, pero dudaba que su antecesor -por lo que sabía de él hasta el momento -hubiese pensado del mismo modo o considerado algo tan ñoño. Fuera como fuese e independientemente de lo que atañía a su sucesor, el ministro de cabello claro, acababa de aceptar la invitación de Murray para verse nuevamente, y con este mantener la relación entre el gobierno y la cámara de comercio. Imitó ligeramente la postura del empresario, apoyando el codo en el brazo del sillón y la barbilla en los largos dedos, adoptó una pose relajada.

-Tengo que confesar que las visitas se están volviendo tediosas... y sólo llevo un día en el cargo, así que, de algún modo, está reunión es de lo más acertada. Casi parece que el destino la propiciara. Yo no creo en el destino ¿Usted?
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