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Cita... ¿de negocios?; [Clou]
Topic Started: 17 Jul 2014, 01:55 PM (180 Views)
Cameron
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Mago/Secretario del MDSC

-Hay cosas por las que merece la pena ser persistente.-

Las palabras del empresario habían seguido dando vueltas en su cabeza durante toda la tarde. Por supuesto, había continuando llevando a cabo sus obligaciones con total eficacia. Pero no lograba quitarse de encima la molesta sensación de estar siendo acechado. Como si hubiera caído en una trampa y sólo estuviera esperando el momento en que su cazador llegara para cobrarse su presa.

Probablemente estaba siendo un exagerado. Clou Murray podía ser un tiburón de las finanzas, pero siempre se había comportado de una manera muy educada con él. No tenía ningún sentido desconfiar de aquella manera del rubio. De hecho, conforme más lo pensaba más se daba cuenta de lo descortés que había sido por su parte rechazar la ayuda que le había ofrecido la primera vez.
Estaba seguro de que el empresario tan solo querría tratar algún tema de trabajo con él. ¿O no era casualidad que le pidiera que fueran a cenar juntos ahora que Morrison no estaba a cargo del Ministerio de Derechos Sociales y Cultura? Sí, al final todo se reduciría a eso. Tal vez sólo quisiera averiguar qué planes tenía el nuevo ministro y si afectarían de alguna manera a los proyectos que éste había heredado de Morrison. Clou Murray siempre había sido un importante apoyo para el anterior ministro. Y a cambio, claro, se aseguraba de salir beneficiado con las medidas que aplicaba el anciano. Seguramente sólo querría comprobar que sus intereses seguían estando bien protegidos, nada más.
Aunque el rubio nunca le había parecido de los que actúan en la retaguardia. Si tanto interés tenía por conocer las posibles consecuencias que un cambio en la dirección del ministerio podía causarle no entendía por qué no le había preguntado a DeWitt directamente. ¿O tal vez lo había hecho y el muchacho no había sabido muy bien qué responderle? Al fin y al cabo Valentine acababa de llegar y era comprensible que el día que tuvo lugar el encuentro, a pesar de que habría repasado los planes que afectaban al rubio, no los conocería con suficiente detalle como para poder hablarle con claridad.

Ahhh... puñetas.

Pese a que había estado tentado varias veces de informar a su superior de con quién cenaría aquella noche finalmente no se había atrevido. La situación era tan inusual que no sabía cómo plantearla. Además, pese a que imaginaba que hablarían de trabajo, lo cierto era que no tenía ni idea de lo que alguien con el estatus de Clou Murray pudiera querer de él. Si al final se trataba de algo importante ya se lo haría saber al ministro.

Pero aunque a lo largo de la tarde había logrado mantener cierta serenidad, cuando llegó el momento de apagar las luces y salir del despacho era un auténtico manojo de nervios. Remoloneó regando las plantas, limpió la cafetera, incluso rellenó el azucarero. Todo en tal de retrasar el momento del encuentro todo lo posible. Y aún así, cuando bajó a recepción el rubio todavía no había salido de su reunión.
Así, con un hondo suspiro trató de relajarse y se sirvió un vaso de agua del dispensador. Al menos así tal vez lograra tragarse los nervios y la molestia. Era algo que no podía evitar. Cada vez que algo le ponía nervioso se le ponía mal humor. Probablemente a causa de la simple sensación de impotencia.
En fin... al menos la muchacha de recepción, pese a que le miró con curiosidad un momento, no le dijo nada. Así que, en vista de lo que el rubio pudiera tardar, terminó por sentarse en uno de los cómodos sofás de piel del hall para mantener la mente ocupada revisando la agenda que DeWitt tenía preparada para el día siguiente.
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Clou
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Si bien la jornada de trabajo no tuvo especiales cambios para Clou (salvo cambiar la cita del ministerio para última hora). Eso sí, estuvo pendiente de la hora en todas y cada una de las reuniones. Especialmente cuando entró en la sala de junta del ministerio; ese sería su último compromiso antes de reunirse con Cameron…A penas se había sentado y ya le parecía que duraba demasiado.

Decididamente era víctima de la impaciencia y de la emoción, notaba un cosquilleo en el estómago similar al que se siente cuando se aguarda algo bueno. Afortunadamente, y gracias a su profesionalidad, no transmitió nada en su expresión. Atendió la reunión, tomó notas, examinó los gráficos, asintió a las opiniones de los presentes…Arrugó sutilmente el entrecejo al leer en su pantalla personal la sección de “proyectos”. Había algo que no terminaba de gustarle aunque a penas era el título provisional.

Quedan quince minutos pensó mirando el reloj de la esquina de su tablet Tengo que pedir información ampliada de este punto

Alzó la mano para pedir turno y expuso su petición. Se cuidó de no parecer perturbado, no había necesidad de alarmarse por un sencillo título. Enseguida tuvo el documento en su tablet, no lo abrió inmediatamente para no entorpecer la reunión, pero lo estudiaría en casa. Si era lo que imaginaba todo tendría que acelerarse.

Cuando la hora establecida se superó empezaron a haber sutiles toses. Algún recolocación en el asiento… Él mismo se unió a los carraspeó y pocos segundos después la reunión se dio por finalizada. Todos allí tenían una vida ocupada, familias y compromisos que atender. Y el ministerio de salud no podía disponer de ellos como lo hacía de cualquier otro empleado.

Tras despedirse educadamente de los asistentes desapareció en dirección al recibidor. Allí estaba Cameron, sentado en uno de los sillones de la entrada, tan discreto para todos y atrayente para él. Pasó primero por la recepción para indicar a la joven que se marchaba y que los demás pasarían de inmediato. La joven, agradeciéndole la información con una inclinación de cabeza (ella no podría dejar su puesto hasta que todos se fueran) desapareció del mostrador probablemente para prepararlo todo. Clou pasó su tarjeta de acceso por el marcador y se reunió con Cameron.

-Siento haberte hecho esperar-se excusó pasándose una mano por el pelo, colando los mechones dorados entre los dedos, esperaba que Cameron entendiera que la duración de la reunión escapaba de su control. Con un gesto de la cabeza le invitó a que salieran –Tengo una reserva que nos espera-explicó con voz suave, aguardando a que Cameron le siguiera.

A diferencia de lo que Cameron esperaba, no iban a comer en la cafetería. Ya había recibido el mensaje de su hermano Rin y encontró el lugar perfecto. Creía que satisfacerla a ambos, tenía una comida casera deliciosa (algo no tan común en una ciudad tecnológica de alimentos recalentados y artificialidad), bonito, pequeño y discreto.

Cuando las puertas se abrieron dejaron ver el coche de Murray que abrió sus puertas invitándoles a entrar.
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Cameron
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Mago/Secretario del MDSC

Cameron apenas llevaba un cuarto de hora esperando cuando la voz del empresario logró sobresaltarle. Se había concentrado tanto en la lectura de un informe tras revisar la agenda de la jornada siguiente que se había desconectado por completo del mundo que le rodeaba. Por suerte el hombre estaba hablando con la recepcionista y no con él, por lo que no advirtió una reacción que sin duda hubiera delatado su nerviosismo.
Con premura guardó los papeles en el interior de su bandolera y antes de que el hombre llegara hasta él ya estaba en pie.

“No se preocupe. Sé cómo son estas reuniones a veces.” respondió al tiempo que sacudía la cabeza para restarle importancia.

Lo sabía muy bien. Él mismo tenía que sufrirlas día sí y día también. Afortunadamente encontraba la mayoría de ellas interesantes. Aunque llegaba un punto, sobre todo a partir de las siete de la noche, en el que ni siquiera eso le libraba de tener que disimular más de un bostezo.

En silencio, comenzó a seguirle cuando el comentario del empresario le hizo mirarle con cierto espanto. ¿Una reserva? Pero él había creído que... ¡Mierda! Debió decirle nada más aceptar que él no estaba en situación de cenar en ningún sitio demasiado sofisticado. Al menos no si quería poder comer el resto del mes. Qué decía. ¡Del año!
Había dado por hecho que Murray estaría al tanto del sueldo que cobraban los magos y que, por pura compasión, irían a la cafetería del edificio.

“¿Una reserva?” inquirió, sin lograr ocultar su preocupación. “¿Dónde?”

Qué vergüenza...

¿Pero en qué cabeza cabía llevarle a cenar con él a un sitio público? La gente no pararía de mirarlos. Y probablemente el hombre debiera dar luego explicaciones a los conocidos que le vieran cenando con él.

“Señor Murray, estoy convencido de que sabe que mi sueldo como secretario no es muy boyante...” indicó una vez se encontraron frente al vehículo del rubio. “Además, no me gustaría hacerle blanco de habladurías por mi culpa.” añadió, frunciendo el ceño y bajando la mirada, demasiado nervioso como para que sus dedos lograran permanecer quietos. En lugar de eso, jugueteaban enguantados con la correa de su cartera. "Pensé que cenaríamos en la cafetería." confesó finalmente.

Veía la elegante tapicería que forraba el interior del coche del empresario, todo el caro equipamiento de última tecnología, incluso hasta allí llegaba el olor a nuevo... Nunca había subido en un vehículo como aquel. Y, aunque se moría de ganas por entrar, sabía que a la vez se sentiría totalmente fuera de lugar.
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Clou
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Las dudas de Cameron no le cogieron por sorpresa. Imaginaba que sucedería. Después de todos los magos no poseían un sueldo especialmente elevado, en el mejor de los casos se podía calificar de “modesto”. La idea del gobierno era que pudieran vivir decentemente pero sin aspirar a lujos.

En algunos casos ni aspirar a propiedades básicas recordó que entre los trabajos disponibles existía una nada desdeñable diferencia de sueldos. Los había bastante estables; como era el caso del ministerio; y otros que rozaban el chiste, ocurría con magnates y empresarios particulares. Él, en la cámara de comercio, presenció muchos casos así.

Era plenamente consciente de ese detalle y Rin lo había tenido muy presente en la búsqueda de restaurantes.

-Es un pequeño restaurante muy agradable-le explicó intentando calmarle. Le habría dicho el nombre pero dudaba que lo conociera (el propio Clou lo desconoció durante años). Realmente no era muy famoso.

Verle ahí, quieto frente a la puerta abierta del coche. Con la mirada violeta baja, los dedos enguantados estrujando el asa de la bandolera. Quiso colar la mano en su pelo acariciando su nuca, poder aproximarse a su oído hasta apoyar la frente contra su piel para poder susurrarle “No tienes nada que temer”. Pero eso era impensable ahora mismo. En su lugar apoyó la mano en la puerta rodeándole sin llega a tocarle, se inclinó buscando su rostro acabando mirándole desde abajo, su pelo como una cortina dorada suspendida en el aire.

-Cameron…-le llamó atrapando con su mirada azul los ojos violeta-…tenme un poco de fe-pidió abriéndole camino en dirección al coche-Has llegado hasta aquí, si te echas atrás seguro que lo terminarás lamentando-sugirió sonriéndole afable.

No apartó su brazo, cubriendo su retirada, hasta que lo vio entrar al interior del coche. Le siguió tomando asiento a su lado. El coche era cómodo hasta el extremo, equipado, con temperatura controlable, cristales transformables (ahora mismo ahumados)… Y a un lado, esperándoles como silenciosa cómplice el aparato de radio.

-ES un pequeño local con capacidad para no más de cinco o seis mesas-comenzó a explicar Clou mientras introducía los datos básicos en la pantalla táctil para que el coche arrancara- La propietaria lo ha montado improvisadamente (aunque con todos los permisos legales) en una sala en los bajos de su casa. Es una pastelera retirada, jamás ha perdido su amor por la repostería así que aceptó servir a domicilio- giró el rostro para mirar a Cameron con una sonrisa cómplice- Así es como mi hermano conoció sus postres y me los dio a probar- El coche arrancó y comenzó a devorar las calles, desde fuera iba veloz, tomando las curvas con eficacia; dentro a penas se notaba el desplazamiento- De cómo pasó a plantearse añadir unas mesas y servir comidas caseras…No te sabría decir. Siempre he pensado; a juzgar por la clientela; que son los propios vecinos los que, cansados de tocarle en la puerta, le terminaron sugiriendo el negocio-se encogió de hombros. El misterio estaba resuelto, le había dado bastante información sobre el lugar. Fue Rin quien se tomó como meta personal llamar para reservar.
Edited by Clou, 17 Jul 2014, 04:49 PM.
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Cameron
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Mago/Secretario del MDSC

Un restaurante...
El simple dato le inquietó aún más si cabía. En Luxor había restaurantes asequibles a su ritmo de vida, claro. Pero dudaba que ninguno de ellos fuera el tipo del local a los que el empresario estaba acostumbrado. En su mente el restaurante al que el rubio pretendía llevarle tendría un maître que les recibiría en la entrada, estaría cargado de lujo y personas vestidas de forma elegante y dispondría de platos tan selectos y elaborados que no sería capaz ni de reconocer la mayor parte de los ingredientes. La mera idea de tener que entrar en un local así hizo que se replanteara el hecho de aceptar ir con él.
No quería que le invitara, le daba demasiada vergüenza. Además, no creía ir vestido para algo así. Iba arreglado al trabajo, claro, pero sus ropas estaban muy lejos del nivel que se requería para visitar sitios así.

Sin embargo no tardó en darse cuenta de que si pretendía cambiar de opinión y marcharse a casa no lo iba a tener fácil. Estaba claro que Murray no pensaba dejarle escapar. O al menos eso pensó cuando vio cómo le acorralaba contra el coche.
Nunca se había encontrado antes en una situación semejante. Creyó que le ordenaría que subiera al vehículo sin más. Sabía que había gente que, a costa del poder que ostentaba, se creía con derecho a tratar a cualquier mago como si fuera una especie de mascota o muñeco sin voluntad. Afortunadamente, él nunca había tenido que encontrarse con ningún individuo del estilo -cosa que no muchos podían decir tras cinco años viviendo en la capital-. Pero Clou Murray... nunca se había mostrado descortés o presuntuoso cuando en alguna ocasión se había dirigido a él. No creyó que fuera de esos...
Claro que tampoco creyó nunca se comportaría de una manera tan... ¿delicada?

Sorprendido al descubrirle capaz de inclinarse para buscar su mirada, el mago tuvo que hacer serios esfuerzos para mantener la compostura mientras veía aquellos ojos azules clavarse en los suyos. Su petición le hizo apartar el rostro de golpe. Pero no porque le hubiera molestado, sino por el furioso calor que sintió de pronto subir por su garganta para instalarse en toda su cara. Se estaba comportando como un verdadero idiota. Como una quinceañera tonta en su primera cita. Joder... ¿se podía dar un espectáculo más lamentable?
¿Dónde demonios estaba ahora el carácter decidido y rudo que mostraba cuando salía los fines de semana? ¿O es que sólo era capaz de conjurarlo cuando recorría Siwa por las noches?
Finalmente, sólo por huir al único lugar que podía y volver a recuperar su espacio personal, se metió en el coche.

La sonrisa del rubio parecía tan sincera... ¿Pero entonces por qué sentía que se había embarcado en un viaje directo al matadero?

Oh, joder... Si al menos no pareciera tan interesado en llevarle a cenar.

Por suerte el coche era lo bastante ancho como para que los tres: Murray, él y la radio cupiesen sin problemas ni estrecheces, por lo que una vez dentro no se sintió tan intimidado por la cercanía del hombre. Además, poder observar tan de cerca todo lo que aquel coche tenía para uso y disfrute de su dueño logró borrar durante unos instantes cualquier otra preocupación de su mente. Incluso observó con cierta fascinación como Clou toqueteaba la pantalla táctil para indicarle al vehículo cuál era su destino.
Con todo, eso no le privó de escucharle con total atención. Saber que, después de todo el numerito que había montado, le llevaría a un lugar que sí podría permitirse le hizo sentir profundamente avergonzado. Al final el empresario sí había contado con el detalle de cuál era su sueldo y había tenido la deferencia de llevarle a un sitio en el que ni tuviera que ser invitado ni fuera a sentirse incómodo.

“He de pedirle disculpas por mi comportamiento, señor Murray. Debo de haberle parecido un idiota.” dijo, frunciendo el ceño con la vista clavada en el salpicadero. “No estoy acostumbrado a este tipo de... eventos. Es la primera vez que me piden algo así a cambio de un favor.” explicó, serio, mientras se empeñaba en dirigir la mirada a cualquier parte salvo a aquellos ojos azules.

Se sentía diminuto cuando le miraba. Y no se debía sólo al hecho de que el hombre le sacara unos cuantos centímetros a lo alto -y a lo ancho-. Además, de pronto ver la ciudad pasar a toda velocidad por la ventanilla se le antojó la cosa más fascinante del mundo.
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Clou
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Humano/Empresario multimillonario

-No tienes que disculparte, ha sido un mal entendido provocado por la falta de información-comentó negando suavemente con la cabeza. ¿Cómo podría considerarle idiota? ¿Era consciente Cameron de sus muchos talentos? Sí, había pensado que le llevaba a un lugar diferente, pero llegó a esa conclusión a través de un razonamiento lógico.

En su lugar yo habría pensado lo mismo

Le sorprendió escuchar que jamás había tenido una cena de este tipo, por unos segundos pensó que diría: Es la primera vez que me piden una cita. Pero la palabra cita no apareció, en su lugar la loza de la palabra “favor” se precipitó sobre Clou. Realmente deseaba que Cameron dejara de verlo como un favor por lo del aparato de radio…Y para que eso sucediera él tendría que haberle pedido una cena abiertamente y sin excusas.

¿Y cómo lo iba a hacer? No aceptaría

Observándole de reojo, viéndole mirar al infinito, con una expresión fascinada por el vaivén rápido de las luces de la ciudad…Comprendía que Cameron jamás habría aceptado cenar con él. Era duro darse cuenta que debía inventar excusas para “forzar” un encuentro en el que pudieran conocerse. ¿Le convertía eso en un monstruo como Morrison?

-…a cambio de un favor-murmuró casi imperceptiblemente sin darse cuenta. Dirigió una mirada triste a la ventana de su lado. Se sumergió en aquello que tanto fascinaba a Cameron dándose cuenta de lo poco que le prestaba atención a esa clase de detalles hasta que el mago lo mostrara.

No habló mucho más en lo que quedó de trayecto aunque pronto el coche se detuvo. Se había metido por una calle menos transitada. Cuando las puertas se abrieron les recibió la luz que proyectaban las farolas, las ventanas de los pisos y algunos locales comerciales. El coche se había aparcado casi frente a la puerta del local. Desde fuera casi nadie adivinaría que había un pequeño restaurante dentro; no había ventanal enorme que diera a la calle, sólo una puerta con un letrero y una ventana cubierta por cortina.

Clou aguardó a que Cameron bajara antes de señalarle la puerta. Iba a tocar, pero detuvo la mano antes de pulsar el timbre. Se relamió los labios y giro el rostro para mirar al mago.

-Cameron…-estaba a punto de decir algo. Lo tenía en la punta de la lengua. Sólo tenía que hacer como siempre, soltarlo, preguntarlo “¿Podrías llamarme Clou en vez de Señor Murray?”¿Acaso alguna vez dudó a la hora de hablar? No. Entonces ¿Cuál era el problema? -…nada…-carraspeó cobardemente, apretando los ojos cuando su propio pelo le protegió de la mirada violeta. Pulsó el timbre e inmediatamente les abrió la puerta la propietaria y cocinera.
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Cameron
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Mago/Secretario del MDSC

Clou Murray le confundía como muy pocos habían logrado hacerlo nunca. Pese a que el mago no estaba acostumbrado a que gente de la condición del empresario -personas ricas, influyentes y con cargos de gran poder- se mostrasen rudas o hasta antipáticas con él, tampoco había recibido un trato tan amigable de ninguno de ellos, simplemente habían sido educados, correctos más bien. Por supuesto, en los cinco años que llevaba viviendo en Luxor se había encontrado con individuos del carácter de su antiguo jefe, pero afortunadamente no habían sido suficientes como para que se convirtieran en en una regla. Sin embargo Valentine DeWitt primero y ahora Murray le estaban rompiendo todos los esquemas.

En el caso de DeWitt se alegraba muchísimo. Iba a trabajar para él, le vería cada día y se sentía profundamente agradecido de que el muchacho, a diferencia de su predecesor, le dejase servir para algo más que para preparar cafés. Con el rubio, por el contrario, todavía no sabía qué pensar. La incógnita sobre por qué le había pedido que le acompañara a cenar aquella noche seguía ahí, rondándole, aguijoneándole por la espalda en cuanto se descuidaba y haciéndole morderse la cara interna del labio.
Un favor... Nadie pedía como pago a un favor disponer de tu tiempo y compañía para cenar. A menos, claro, que se pretendiera conseguir algo de valor a lo largo de la cena en cuestión. ¿Pero el qué?

No, a los labios de Cameron nunca llegó la palabra cita porque sencillamente ni siquiera se le había pasado por la cabeza pensar que el hombre simplemente hubiese aprovechado la ocasión como una mera excusa para conseguir algo que llevaba deseando desde hacía tiempo: estar con él. ¿Cómo iba a pensar tal cosa? Alguien como Clou Murray, por muy amable y educado que hubiese sido siempre con él, jamás querría perder el tiempo estando a su lado por el mero capricho de verle y hablar. Ni a su lado ni al lado de cualquier otro mago, claro.

Por eso cuando le pareció oír que repetía sus palabras volvió el rostro y le observó con curiosidad mientras el hombre miraba ensimismado por la ventanilla.
Era cuestión de tiempo que averiguara por qué le había llevado a cenar. Sólo tenía que ser paciente.

El trayecto fue agradable a pesar del silencio. O tal vez ni siquiera se dio cuenta de él por prestar demasiada atención a la pantalla del navegador del coche. Todo allí dentro le parecía alucinante.
Lamentablemente el viaje no duró tanto como le hubiera gustado y pronto estuvieron aparcados en lo que a todas luces era un barrio residencial. Había algunos locales. Unos pocos aún seguían abiertos, la mayoría bares y cafeterías. Pero no vio ningún restaurante ni sala de comidas... hasta que el rubio se lo señaló al bajar del vehículo. Sorprendido, tuvo que alzar las cejas al comprobar como, a diferencia del resto de negocios, aquel parecía tratar de pasar tan desapercibido como le fuera posible. Sólo un pequeño letrero delataba lo que se escondía tras la puerta de madera labrada.

Francamente intrigado, azuzado además por el delicioso olor que se filtraba desde el interior, el mago siguió al empresario hacia la entrada y, extrañado, frunció el ceño al verle retirar el dedo del timbre sin ni siquiera haberlo pulsado.

“¿Sí?” inquirió al cabo de un momento al ver que su mirada no parecía suficiente para hacerle hablar.

Cuando por fin habló... no supo qué pensar. Nunca había visto a Murray actuar de aquella manera. Era un hombre decidido, directo, sin pelos en la lengua. ¿Por qué entonces callaba cuando era evidente que había querido decirle algo?
Con el ceño fruncido y volviendo la mirada al frente, Cameron oyó sonar el timbre y suspiró. Ahora sí se daba cuenta del silencio que se instaló entre los dos pero, por suerte, la que debía ser la dueña del local les abrió enseguida con una mirada curiosa que no tardó en dejar paso a una enorme sonrisa. Incluso cuando vio el brazalete que adornaba su brazo izquierdo.

“Pasen, pasen. Siéntense donde quieran.” indicó mientras se hacía a un lado y subrayaba su invitación con un movimiento de su brazo que abarcó todo el establecimiento.

En realidad no era muy grande. Tal y como el hombre le había prometido no tenía más que seis mesas, todas cubiertas con manteles de tela roja. El aire rústico y el ambiente cálido y recogido le gustó. Había otra pareja en el extremo opuesto del local, pero estaban tan ensimismados el uno en el otro que Cameron ni siquiera creía que hubiesen reparado su llegada. Mejor, al menos así no tendrían que soportar las miradas ni los cuchicheos de nadie mientras comían.

“Enseguida les traigo la carta.” anunció la mujer una vez hubieron tomado asiento.

La retirada de la dueña le permitió observar con más detalle el local. No creía haber visto nunca un lugar tan pintoresco. Parecía sacado de uno de esos panfletos de viaje sobre Eriador. El suelo era de baldosas de piedra y había plantas repartidas aquí y allá. Pero la verdadera protagonista era la madera. Estaba en las mesas, las sillas, el pequeño mostrador que daba acceso a las cocinas, en las celosías que separaban cada mesa, incluso en los paneles a media altura de las paredes. La madera relucía como recién barnizaba y ayudaba a aumentar el tono cálido que aportaban las lámparas antiguas que colgaban del techo.

“¿Viene mucho?” preguntó, dejando que su mirada se posara como por descuido sobre los ojos azules del rubio en cuanto terminó de inspeccionar el lugar. “Es... muy bonito. Me recuerda a los locales que salen en los anuncios sobre Eriador.” añadió con una diminuta sonrisa tentativa.

De pronto se sentía nervioso...
Edited by Cameron, 19 Jul 2014, 06:03 PM.
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Clou
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Tal como adjunto Rin en el mensaje a penas encontraron clientes en el restaurante, sólo una pareja en el fondo de la sala. Los cuales estaban más ocupados en su conversación que en comprobar quién entraba.

Colocó la chaqueta en el respaldo de la silla antes de tomar a asiento. No perdió de talle de cómo Cameron observaba el lugar con sus llamativos ojos violeta; según pasaban los segundos Clou notó los nervios de quien espera una valoración. Cuando esta llegó respiró más tranquilo y le sonrió encantado. Sí, a él también le parecía bonito.

-Vengo de vez en cuando, aunque normalmente es ella quien nos trae los dulces a casa o simplemente paso a recoger comida por encargo-lamentablemente disponía de poco tiempo para disfrutar del cálido local. El símil de los anuncios de Eriador no iba demasiado desencamino, quizá los tomó como fuente de inspiración. –Realmente tiene un aire a Eriador…-le admitió al mago-…probablemente era el estilo que más encajaba con la idea de comida casera- jamás le había preguntado a la dueña de dónde le vino la inspiración. Puede que fuese una casualidad, o incluso podía tener algún pariente o antepasado en Eriador.

Si algo destacaba del local, como pronto comprobarían, era la comida hecha con cariño, mimo y buen gusto. Precisamente la dueña les trajo una carta, se la tendió y les dejó unos minutos para decidirse. En el papel que tenía entre las manos Clou podía diferenciar dos únicos menús, con un primer plato, segundo y postre. La bebida a elegir. No tenía mucha variedad pues todo el trabajo era realizado por la misma persona, ella hacía de cocinera y de camarera.

Tendría que buscar un camarero o un ayudante. Así ella podría dedicarse más cómodamente a la cocina pensó mientras se decantaba por el primer menú: Tenía un consomé de primero, carne de segundo y tarta de queso con arándanos de postre.

-Yo tomaré el primer menú con una copa de vino tinto-le tendió la carta que fue recogida por la propietaria con una sonrisa tierna.

“¿Y usted jovencito?”- Le preguntó a Cameron. Para ella, dada su edad, todos los que tuviesen menos edad eran “jovencitos”.
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Cameron
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Nada más conocer su respuesta Cameron no pudo evitar pensar que si él pudiera pasarse por allí con la misma frecuencia que adivinaba en el rubio no se conformaría con llevarse la comida a casa. Sólo el ambiente cálido y recogido que destilaba aquel lugar hacía que mereciera la pena reservar mesa. Y el olor... No sabía qué era lo que había en el menú, pero fuese lo que fuese olía de maravilla.

“Sí, supongo que sí.” asintió, dejando que su mirada volviese a viajar en derredor, fijándose en algunos detalles de los que antes no se había percatado.

Siempre había querido ir a Eriador. Era un antojo absurdo, como el de comprarse una moto. Pero soñar no costaba dinero y era uno de los pocos derechos que los magos habían logrado mantener a pesar del tiempo.
Seguramente Murray sí hubiese estado allí alguna vez. Cameron habría dado cualquier cosa por poder visitar aunque sólo fuese una vez sus templos centenarios y sus bosques. Se veían tan impresionantes en los anuncios. Las paredes de mármol, las estatuas de dioses antiguos, los árboles de troncos inmensos...

Con un “gracias” tomó una de las cartas que les tendió la mujer y lo ojeó con rapidez. No había mucha variedad pero supuso que la dueña llevaba aquel local sola a juzgar por la ausencia de ruido que llegaba de la cocina cuando ella no se encontraba dentro. En cualquier caso, su decisión estuvo clara en cuando leyó el segundo menú: sopa fría de tomate, merluza con salsa de almendras y bizcocho de naranja y chocolate.

“Yo el segundo y agua con gas para beber.” respondió, sonriendo al tiempo que le devolvía la carta, ciertamente divertido por el apelativo.

No es que fuera muy mayor, pero de ahí a que le llamara jovencito... En cualquier caso le gustó. Su sonrisa al dirigirse a él se le antojó sincera, así como el cariño de su mirada, él mismo que gastó con Murray y que, seguramente, empleaba con todos sus clientes. Pero eso fue lo que más le gustó, que le tratara exactamente como a cualquier otro a pesar de haber visto la banda roja que adornaba su chaqueta. Chaqueta que, por cierto, todavía no se había quitado... En su defensa diría que había estado demasiado ensimismado apreciando la decoración del local. Tanto que hasta ese momento la incógnita sobre el verdadero motivo que había llevado al empresario a traerle allí volviese a acosarle.

“¿Puedo hacerle una pregunta?” inquirió mientras se subía el brazalete por la manga de la camisa.

Era ahora o nunca. Se negaba a esperar al final de la cena para averiguar por qué Clou Murray, heredero, empresario de prestigio y humano, le había llevado a él, a un ente presuntamente invisible, a cenar.

“Ahora que sabe que no me voy a escapar... ¿podría decirme por qué me ha pedido que cene con usted? Si se trata de algo relacionado con el trabajo creo que sería más conveniente que lo hablase con el nuevo Ministro. Además yo no... no estoy autorizado para hablar de esos asuntos con nadie que no sea él, señor Murray.” explicó, dejando entrever que se había dado cuenta del fuerte empeño que el rubio había puesto en que le acompañara aquella noche.
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Clou
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Clou ponía toda su atención en Cameron, como si el entorno familiar, la madera recién barnizada, los llamativos manteles rojos…No fueran más que detalles insignificantes al lado del iris violeta. Recayó en el detalle del brazalete por encima de la manga ¡Aún no se había quitado la chaqueta! Eso le hizo sonreír. Significaba que estaba tan encantado que olvidó retirarla; también estaba la posibilidad de que estuviera tan cohibido como para pasársele…Pero creía estaba casi seguro de que era la primera opción. Lo veía en su expresión, en cómo recorría con sus ojos cada detalle del restaurante.

Ha sido la mejor elección pensó agradeciendo mentalmente la eficiencia de su hermano por la reserva. Y también porque Cameron aceptara decidiendo confiar en él. Si no hubiese sido así ahora no estarían allí.

Toda la tranquilidad y felicidad fue una preparación para la pregunta que tarde o temprano llegaría. Torció el gesto en una media sonrisa cuando el mago matizó que no escaparía.

Así que ¿Diga lo que diga seguirás ahí sentado? ¿Compartiendo una cena que debería ser una cita conmigo?

No podía culpar a Cameron por imaginar que ocultaba algo tras esa invitación. Fue muy insistente con la cena, siendo dos personas que apenas se conocían de vista ¿No era evidente que albergaba algún tipo de interés? Así era, sólo que el “interés” estaba lejos de lo que el mago imaginaba. Clou no buscaba nada relacionado con el ministerio, eso habría sido tan sencillo como invitar a Valentine a comer o hablarlo en el despacho. Pero tampoco podía exponerle a bocajarro sus ideas.

Si lo digo sin cuidado me dejará tirado como una colilla…Por mucha promesa de no escapar que diga

-Tiene razón, me mueve un interés en todo esto-afirmó ladeando ligeramente el rostro. Entrelazó los dedos sobre la mesa-Pero no tiene que ver con el ministerio ni con DeWitt. Si quisiera enterarme de algo no le haría saltar su código laboral sino que preguntaría directamente al ministro –tan sencillo como eso. Valentine y él habían llegado a exponerse mutuamente parte de sus ideas e iban en buen camino. Pero la presencia de Cameron ahí no tenía nada que ver con eso.

Humedeció sus labios y rodó los ojos sutilmente inseguro. No tenía miedo a hablar pero sí a la reacción del mago aunque no estaba dispuesto a mentirle, de alguna manera creía que la verdad valía más que nada frente a Cameron. Ya tenía que fingir suficiente en las reuniones, la cámara de comercio, el ministerio…No lo haría en una cena privada.

-Quería conocerte mejor-soltó con una sencillez abrumadora. Rodó los ojos y apretó los labios terminando en un resoplido sonriente-Te conozco desde hace cinco años, cuando empezaste a trabajar en el ministerio…-le narró bajando la mirada y sonriendo tiernamente a sus manos al recordar al joven mago. Con la carpeta pegada al cuerpo, los ojos violetas llenos de luz. Tardó aún varios días en poder escuchar su voz por primera vez-…pero jamás pude entablar siquiera una conversación, Morrison era…-calló-…muy estricto con su trabajo-se notaba claramente que había buscado esas palabras para intentar dar una explicación benévola a la actitud de su antiguo jefe- Tras visitar al ministro y hablar con él –parpadeó y extendió las manos-decidí que era el momento adecuado, y no me equivoqué-ahí estaban los dos. Frente a frente a punto de disfrutar de una cena.
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