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Cita... ¿de negocios?; [Clou]
Topic Started: 17 Jul 2014, 01:55 PM (181 Views)
Cameron
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-Hay cosas por las que merece la pena ser persistente.-

Las palabras del empresario habían seguido dando vueltas en su cabeza durante toda la tarde. Por supuesto, había continuando llevando a cabo sus obligaciones con total eficacia. Pero no lograba quitarse de encima la molesta sensación de estar siendo acechado. Como si hubiera caído en una trampa y sólo estuviera esperando el momento en que su cazador llegara para cobrarse su presa.

Probablemente estaba siendo un exagerado. Clou Murray podía ser un tiburón de las finanzas, pero siempre se había comportado de una manera muy educada con él. No tenía ningún sentido desconfiar de aquella manera del rubio. De hecho, conforme más lo pensaba más se daba cuenta de lo descortés que había sido por su parte rechazar la ayuda que le había ofrecido la primera vez.
Estaba seguro de que el empresario tan solo querría tratar algún tema de trabajo con él. ¿O no era casualidad que le pidiera que fueran a cenar juntos ahora que Morrison no estaba a cargo del Ministerio de Derechos Sociales y Cultura? Sí, al final todo se reduciría a eso. Tal vez sólo quisiera averiguar qué planes tenía el nuevo ministro y si afectarían de alguna manera a los proyectos que éste había heredado de Morrison. Clou Murray siempre había sido un importante apoyo para el anterior ministro. Y a cambio, claro, se aseguraba de salir beneficiado con las medidas que aplicaba el anciano. Seguramente sólo querría comprobar que sus intereses seguían estando bien protegidos, nada más.
Aunque el rubio nunca le había parecido de los que actúan en la retaguardia. Si tanto interés tenía por conocer las posibles consecuencias que un cambio en la dirección del ministerio podía causarle no entendía por qué no le había preguntado a DeWitt directamente. ¿O tal vez lo había hecho y el muchacho no había sabido muy bien qué responderle? Al fin y al cabo Valentine acababa de llegar y era comprensible que el día que tuvo lugar el encuentro, a pesar de que habría repasado los planes que afectaban al rubio, no los conocería con suficiente detalle como para poder hablarle con claridad.

Ahhh... puñetas.

Pese a que había estado tentado varias veces de informar a su superior de con quién cenaría aquella noche finalmente no se había atrevido. La situación era tan inusual que no sabía cómo plantearla. Además, pese a que imaginaba que hablarían de trabajo, lo cierto era que no tenía ni idea de lo que alguien con el estatus de Clou Murray pudiera querer de él. Si al final se trataba de algo importante ya se lo haría saber al ministro.

Pero aunque a lo largo de la tarde había logrado mantener cierta serenidad, cuando llegó el momento de apagar las luces y salir del despacho era un auténtico manojo de nervios. Remoloneó regando las plantas, limpió la cafetera, incluso rellenó el azucarero. Todo en tal de retrasar el momento del encuentro todo lo posible. Y aún así, cuando bajó a recepción el rubio todavía no había salido de su reunión.
Así, con un hondo suspiro trató de relajarse y se sirvió un vaso de agua del dispensador. Al menos así tal vez lograra tragarse los nervios y la molestia. Era algo que no podía evitar. Cada vez que algo le ponía nervioso se le ponía mal humor. Probablemente a causa de la simple sensación de impotencia.
En fin... al menos la muchacha de recepción, pese a que le miró con curiosidad un momento, no le dijo nada. Así que, en vista de lo que el rubio pudiera tardar, terminó por sentarse en uno de los cómodos sofás de piel del hall para mantener la mente ocupada revisando la agenda que DeWitt tenía preparada para el día siguiente.
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Cameron
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Mago/Secretario del MDSC

Saber que había estado en lo cierto, que Murray le había convencido para cenar juntos movido sólo por el interés, le tranquilizó. Descubrir, no obstante, que aquel interés no tenía como objeto ningún tema de trabajo le hizo fruncir el ceño y ladear el rostro sin despegar de él su mirada atenta.
Con todo, a pesar de la turbación que le suponía aquella declaración, apreció el hecho de que el hombre confesara no estar dispuesto a hacerle saltarse el código laboral por él.

“¿Entonces?” inquirió, sacudiendo levemente la cabeza en un puro gesto de confusión.

¿Era cosa suya o el rubio estaba nervioso? No recordaba haberle visto así jamás. Clou Murray era un hombre seguro de sí mismo, cargado hasta los topes de una férrea determinación, fuerte, tenaz, decidido... Verle dudar de aquella manera, como si temiera el efecto que pudieran causar en él sus palabras, le asustó.
¿Qué puñetas era lo que tenía que decirle?

“Quería conocerte mejor”

La respuesta le llegó como un cubo de agua fría. No tanto porque le desagradara la respuesta -todavía estaba demasiado impresionado como para juzgar si debía considerar aquello bueno o malo-, sino por la impresión que le produjo. De modo que, como si algún gracioso le hubiera empujado de pronto al interior de una piscina de agua helada, el mago se encontró envarado sobre su silla, mirando al rubio con los ojos muy abiertos y apretando los labios en un rictus de tensión.
¿Quería conocerle mejor? ¿A él? ¡¿Para qué?!
Es decir, él nunca había sido el centro de atención de nadie. Mucho menos de una persona como Clou Murray. ¿A qué venía entonces aquel interés? ¡¿Y por qué tenía la impresión de que el empresario llevaba queriendo conocerle mejor desde hacía cinco años?! ¿Qué significaba conocer mejor a alguien para el rubio? ¡¡¿Por qué narices sonría de aquel modo tan condenadamente tierno?!!

Mierda, mierda... ¿dónde puñetas se había metido? ¡Él que se había creído invisible todo aquel tiempo!

Debía... Debía tranquilizarse. Respirar y recuperar la calma. Pero Murray había acabado de hablar y él seguía incapaz de articular palabra alguna. Incluso seguía mirándole como si de pronto el hombre se hubiese convertido en una especie de perro con tres cabezas.
La breve interrupción que la dueña del local les proporcionó al acercarles la bebida le permitió recuperar el control sobre sí mismo. De pronto incluso había olvidado dónde se encontraban.
Aún en silencio, pero habiendo relajado un tanto su postura y mudado la expresión de su rostro por una aún confundida pero también reflexiva, Cameron se sirvió un poco de agua con gas en la copa y se dio un momento para dar un largo trago. El burbujeo del gas bajando por su garganta fue la última ayuda que necesitó para centrarse.

“Lo siento, nunca...” sacudió la cabeza, cerrando un instante sus párpados en un intento por poner en orden sus pensamientos.

Tomó aire.

“No es... habitual que una persona como usted sienta ningún tipo interés en conocer a alguien como yo.” musitó. “Es decir... sólo soy un simple secretario, señor Murray. ¿Por qué iba a querer perder el tiempo conmigo?” añadió, alzando una de las comisuras de sus labios como si lo que el rubio decía no tuviera ningún sentido.

Un mago, eso era. Un puto mago. ¿Por qué iba aquel hombre a querer conocer a un jodido mago? Definitivamente se hubiera visto en serios problemas si algo así hubiese llegado a suceder estando bajo las órdenes de Morrison. Murray había sido muy considerado -otra vez- por haber tenido el detalle de esperar a la llegada de un nuevo Ministro para tenderle aquella encerrona.
Pero lo cierto era que darse cuenta de aquel detalle no le tranquilizó todo lo que debiera. Daba la impresión de que el rubio había ido a hablar con DeWitt en parte para comprobar cuál era la relación que el nuevo Ministro mantenía con él. Y, lo que era aún más turbador, que llevaba esperando aquel momento cinco años.
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Clou
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La reacción de Cameron a sus palabras no dejaba lugar a dudas: pura estupefacción. Y no era para menos. Acababa de escuchar que todo ese trayecto, la reserva y la comida…No eran para otra cosa que conocerle más.

¿Y cómo sabes a lo que yo presto o no atención? se preguntó internamente Si supieras cuánto ha estado mi mirada posada en ti, no pensarías esas cosas . Aunque no podía reprochárselo pues sabía bien de donde provenía esa opinión, Clou Murray adoraba el lujo, cosa que era cierta, le gustaba tratar con personas influyentes para sus planes, cosa que también era cierta, adoraba sus negocios, igualmente cierto e intimaba con quien quería, nuevamente cierto…Muchas de las cosas que se decían sobre él eran puras verdades y no veía motivo para avergonzarse. Sin embargo existían tantas otras desconocidas para la mayoría.

Le observó con una sonrisa benévola, atrapado por la modestia y humildad que transmitían sus palabras. Eran propias de quien ha aprendido donde estaba su lugar. En cada sílaba transmitía algo mucho más amargo que ser un “simple secretario”.

Un simple mago, eso es lo que tratas de decir ¿verdad? pensó conmovido por la media sonrisa resignada dibujada en su rostro. Por el cariz amargo de los ojos violetas. Por el tono apagado y hermoso.

Si Cameron fuese otro hombre, si estuvieran en otro lugar, si sus situaciones fueran diferentes…Ahora mismo estaría acariciando su mentón, mirándole como si fuera la luz de sus amaneceres y susurrándole que era mucho más de lo que él mismo creía ser. Pero vivían en una realidad de la que sólo podían aspirar a extraer lo mejor posible.

Apretó los labios, resopló negando con una sonrisa cuando ciertos pensamientos acudieron a su mente, recuerdos, imágenes de hacía años. Creyó que lo mejor sería compartirlo con el mago, quizá ayudaran a explicar aquello que ni él mismo entendía –Fue un 21 de Marzo hace cinco años. Ni siquiera había llegado al despacho del ministro, aún estaba en los pasillos donde se arremolinaba gente subiendo y bajando-se encogió de hombros-Quién sabe porqué extraña razón tanto alboroto y…-hizo una pausa-…entre todas ellas, al fondo casi pegado a la pared estabas tú. Con el iris violeta más hermoso que jamás vieron mis ojos, abrazando una carpeta de color marrón, vestido con una camisa de manga larga y un sencillo pantalón de vestir rematado con unos zapatos negros, aguardabas a que el tráfico de personas disminuyera para poder avanzar. Y nadie te miraba-Clou dejó su mirada perdida evocando exactamente la escena en su cabeza. En su expresión casi se plasmo la misma extrañeza que sintió ese lejano 21 de Marzo.

-Recuerdo que pensé ¿Cómo no pueden fijarse en él? Está ahí mismo, con su cabello castaño en suaves ondas alrededor de su cara ¿Es que no lo ven?-acalló sus labios posando sobre ellos su propia mano pensativamente-Entonces mis ojos recayeron en el brazalete. Pero no me pareció razón suficiente…No cuando se tenía unos ojos tan hermosos ¿Quién malgastaría energía en intentar apartar su vista de ese iris violeta? Luego…-suspiró-…comprobé que no sólo tenías buenos ojos sino un talento natural para tu trabajo, aunque subestimado o dejado de lado en la mayoría de las veces. Y cada vez que salía de ese despacho pensaba “Algún día conoceré al hombre tras esos ojos”, algún día.-finalizó su relato dando un largo sorbo de vino.

El líquido descendió por su garganta insuflándole fuerzas, calmando sus nervios y permitiéndole depositar su mirada azul mar en la de Cameron.

-Me preguntas porqué iba a perder mi tiempo-le sonrió sensual-…porque yo decido lo que es perder o no mi tiempo y hoy no es ese día-aunque ahora mismo Cameron se hubiese levantado e ido, para Clou Murray eran horas aprovechadas en algo suficientemente importante.
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Cameron
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No podía ser verdad. Simplemente no podía estar pasando. Mierda... ojalá fuese lo suficientemente crédulo como para convencerse de que todo aquel sinsentido no era más que un sueño fruto de los nervios que le producía su cita con el empresario; que se había quedado dormido en la recepción mientras lo esperaba. Pero joder, se sentía demasiado despierto como para poder engañarse.

Escuchar cómo el rubio relataba la primera vez que le vio fue, sencillamente, demasiado. Recordaba aquel día. No la fecha exacta y mucho menos la ropa que llevaba. De hecho, ni siquiera recordaba haberle visto por primera vez hasta varias semanas después. Pero sí recordaba haber estado esperando pegado a la pared a que el flujo de gente menguara para poder utilizar uno de los ascensores. Recordaba los nervios que había sentido los primeros días de trabajo, la desilusión e incluso el profundo sentimiento de humillación que Morrison era capaz de provocarle con cada nueva jornada de trabajo. Había sido entonces cuando había empezado a ir por las noches a Siwa, y también cuando había aprendido a hacerse invisible. O eso había creído...
Que el rubio fuera capaz de recordar con tanto detalle aquel momento cuando ni siquiera debió fijarse en él; que hablara de aquella manera de sus ojos, de su manera de trabajar, de lo imposible que le pareció que nadie reparar en él le abrumó de una manera bestial. Le hizo sentir terriblemente expuesto. No entendía a qué venía tanto interés. No le entraba en la cabeza que Murray hubiese estado observándole con tanta atención durante tanto tiempo y que él no se hubiera dado cuenta. El rubio le había arrancado su invisibilidad y había visto todo lo que había debajo. Lo había visto todo.

“...”

Serio, con los ojos fijos en el mantel y el ánimo turbado, Cameron se sintió desnudo. Como un insecto bajo la enorme lupa de un investigador especialmente concienzudo. El rubio le había arrebatado lo único que hasta ahora le había permitido protegerse del mundo en el que vivía. Se suponía que la gente normal no debía mirarle, ni siquiera debía verle. Pero el empresario había roto aquella norma y había visto cosas de él para las que Cameron jamás habría dado su consentimiento.

“Discúlpeme, necesito ir un momento al servicio.”

No esperó a recibir su permiso. De hecho ni siquiera fue capaz de levantar la vista y ver con sus propios ojos la sonrisa sensual que había advertido en el tono de su voz. Simplemente arrastró la silla hacia atrás y abandonó la mesa rumbo a los aseos.
Una vez dentro corrió el pestillo y se dejó caer sobre la puerta mirando con espanto a su alrededor. Era un baño modesto pero acorde con la decoración del local, no demasiado grande pero lo suficiente como para poder moverte con comodidad. Y, desgraciadamente, no tenía ventanas. Agobiado, el mago se forzó a respirar hondo y serenarse. No podía quitarse de encima la sensación de haber tenido al rubio hurgando a escondidas bajo su piel. Y todo para qué. ¿Qué pretendía exactamente contándole todo eso ahora? ¿Qué quería de él diciéndole que le gustaba el color de sus ojos? Clou Murray no podía ser de esos.

Sabía que el hombre era dado a disfrutar sin ataduras de la compañía de quien le apetecía. Al menos eso era lo que decían. Pero él no era humano.
Por supuesto, había gente a la que le ponía hacerlo con magos. Él mismo se había acostado con humanos así. Aquel era, en realidad, el único sexo que podía tener. La idea de intimar con otro mago le repugnaba. Como si fueran un par de enfermos terminales regodeándose en su enfermedad, compartiéndola y haciéndola crecer. Se le antojaba sucio, enfermizo.
Clou Murray debía de sentir algo parecido ante la perspectiva de compartir cama con alguien como él. Se le veía demasiado sofisticado, demasiado amable y tierno como para querer ensuciarse las manos haciendo algo así. Las experiencias que el propio Cameron había tenido hasta el momento con humanos habían sido con gente de Siwa. Gente de clase media y baja a la que le ponía más el brazalete que le marcaba que el color violeta de sus ojos. Y sin embargo... por qué iba a soltarle todas aquellas cursilerías si no pretendía follárselo.

“Joder...” siseó antes de abrir el grifo de la pileta y echarse agua fría en la cara.

Para cuando regresó a la mesa el consomé y la sopa de tomate ya estaban servidos. Tenían una pinta estupenda y el aroma que desprendían resultaba delicioso. Sin embargo, el mago se sentó frente a su plato como quien se dispone a esperar su turno para subir al patíbulo.

“Lamento haberle hecho esperar.” musitó. Todavía no había vuelto a mirarle pero es que sencillamente no se sentía con fuerzas. “Supongo que no estoy en disposición de negarle su deseo de conocerme, señor Murray.” indicó con un ceño fruncido que se debatía entre la resignación y la molestia. “Pero si me lo permite me gustaría pedirle que fuese discreto. Aunque imagino que usted espera lo mismo de mí.” añadió mientras doblaba la servilleta sobre su regazo para, ahora sí, alzar su mirada hacia él.

Había llegado a la conclusión de que el rubio probablemente buscaba algo ocasional. Una vez satisfecho su deseo de curiosidad se aburriría de él y le olvidaría. Era una actitud de niño rico que no le encajaba demasiado con el comportamiento atento y considerado que Clou había demostrado tener siempre con él, pero era la única excusa razonable que se le había ocurrido. Y, aunque nunca le había hecho gracia la idea de ser el juguete de nadie, debía reconocer que el rubio tampoco estaba mal. En cualquier caso, y tal y como había dicho, no estaba en situación de negarse. Los mago no tenían ese privilegio. Así que al menos trataría de disfrutar de la situación tanto como pudiera. Aunque suponía que para eso debería deshacerse de la mueca avinagrada y tensa con la que había salido del servicio.

Suspiró, esforzándose por relajar su actitud antes de tomar la cuchara y hundirla en el plato para remover con suavidad el contenido.

“Tiene unos gustos peculiares. A la mayoría de gente no le gustan mis ojos.” comentó tratando de sonar desenfadado mientras se llevaba una cucharada a la boca.

Sí, tenían un color bonito, pero más de uno le había confesado sentirse traspasado por ellos cuando y eso no solía gustar a nadie.
Vaya... aquella era la mejor sopa de tomate que había probado en toda su vida.
Edited by Cameron, 27 Jul 2014, 10:42 AM.
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Clou
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Sus palabras tuvieron una reacción inmediata en el mago. Nerviosismo, evasión, angustia…Toda clase de emociones se transmitieron a través de sus gestos. No tuvo tiempo de plantearle qué sucedía, pues enseguida se puso en pie y desapareció en dirección al baño.

-eh…-le dejó allí, con la palabra en la boca. Observando impotente cómo desaparecía de su vista. Aquello le cogió por sorpresa, imaginó muchas reacciones pero jamás algo así. Era impropio del mago. No sólo se había levantado sin esperar una respuesta sino que se marchó sin dejar pie a respuesta posible.

Carraspeó apoyando los codos en la mesa, se pasó las manos por la cara y terminó colando los dedos por el pelo peinándolos con un largo suspiro. No había salido exactamente como imaginó, aunque tampoco tenía demasiado planeado.

Para empezar no sabía ni si aceptaría venir conmigo

Bien mirado, podía haber sido mucho peor. Acababa de confesarle que llevaba fijándose en él cinco años. Eso no era fácil de similar, mucho menos cuando se era mago. No eran humanos y la sociedad estaba diseñada para inculcarles ese concepto, todas las normas y leyes les afectaban de una u otra forma, casi siempre negativamente. Todo ello repercutía directamente en la personalidad de los magos, generalmente solían tener un concepto bajo de si mismos. Eso los convertía en “piezas fáciles de conquistar” – Suponiendo que alguien se tome la molestia de conquistarlos – eran sorprendente el número de personas que los utilizaba. Y no siempre con objetivos meramente laborales… La mayoría los usaba como juguete sexual.

¿Cameron pensaba así de él? La realidad le golpeó con fuerza. Justo cuando colocaban el primer plato ante sus ojos.

-Gracias-contestó casi automáticamente mirando a un punto infinito de la mesa. Dio un trago largo de su copa de vino para intentar aclarar sus ideas y templar el cuerpo. De repente la idea del secretario escapando de aquel restaurante no era tan descabellada, por lo que miró nerviosamente en dirección a al baño aguardando con impaciencia que la figura apareciera.

Fueron unos minutos eternos que le llevaron incluso a dudar. Únicamente cuando le vio emerger tras la pared se tranquilizó, dio un segundo sorbo a la copa y la dejó en su lugar. Logró mantener la misma sonrisa que minutos antes Cameron dejó atrás.

Arrugó ligeramente la frente al escuchar lo que decía nada más sentarse. ¿Estaba tratando de insinuarle lo que creía que trataba de insinuarle? ¿Qué había pasado en el baño? Segundos antes se mostraba tímido ¿y ahora le sugería un encuentro siempre y cuando tuvieran cuidado? Era un cambio sorprendente aunque no del todo desagradable. Clou se debatía entre ofenderse aclarándole la situación o dar rienda suelta al lívido que Cameron le provocaba.

-Bien…Aunque no lo parezca puedo ser bastante discreto-movió la cabeza para enfocar su mirada sonriendo intentando animarle-haré mi mejor esfuerzo-

Tenía que relajar un poco el ambiente. Si seguían así serían incapaces de mantener una conversación civilizada. Decidió imitar el gesto de su acompañante y probar su consomé -Delicioso…-murmuró con satisfacción saboreando.

Alzó la mirada para mirar esos ojos hermosos de los que hablaba –Sí, supongo que es difícil de comprender-a él mismo le costaba entender qué le llamaba tanto la atención de los ojos de Cameron. –Es curioso… Muchas personas modifican el color de su iris o gastan dinero en lentillas, y sin embargo cuando ven un color de ojos inusual los rechazan-probablemente se debía a que los colores se relacionaban con los magos- Sin embargo a mi me agrada el contraste que hace con los tonos más oscuros, son brillantes, atrayentes…-encogió suavemente los hombros dedicándole una sonrisa sensual-…pero por favor tutéame-le sugirió-las formalidades son para el despacho o los actos oficiales pero aquí no estamos para eso ¿verdad?-
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Cameron
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Ajeno a los pensamientos de Clou acerca de su nueva actitud, Cameron incluso llegó a esbozar una sonrisa divertida ante su comentario. Lo cierto era que no, el rubio no parecía para nada capaz de ser discreto, por eso le hizo tanta gracia su comentario. Sin embargo suponía que debía saber serlo. Al fin y al cabo su trabajo exigiría hacer gala de una cualidad como aquella de tanto en tanto. Sobre todo en situaciones como aquella. Nadie vería con buenos ojos que un empresario de tanto renombre como Clou Murray dedicara sus horas libres en verse con un mago. Ni siquiera teniendo en cuenta su carácter excéntrico.
Por supuesto las consecuencias para el rubio no serían demasiado graves, pero estaba seguro de que sí lo suficiente como para hacerle perder más de un cliente y negocio importantes. No obstante, y si no se había equivocado con él, Clou ya debía de haberse visto con otros magos antes y él jamás había escuchado rumores al respecto así que, en efecto, el empresario debía de saber muy bien cómo mantener a salvo su vida privada de la opinión pública. Tal vez por eso le había llevado allí y no a un lugar más lujoso, porque sabría que allí tendrían la intimidad asegurada y apenas se encontrarían con nadie. Fuera como fuera lo agradecía. Prefería mil veces aquel ambiente recogido que tener que enfrentarse a las miradas críticas de todo un comedor lleno de humanos ricos. Prefería que su cara no se viera mucho por esos lares.

Se llevó otra cucharada a la boca y la paladeó con disimulo antes de tragar. Si el segundo sabía igual que el primero definitivamente tendría que coger una tarjeta del local al salir. El precio del menú no estaba mal. Lo bastante alto como para resultar un capricho pero no lo suficiente como para que no pudiera permitirse el lujo de ir de vez en cuando.
Lo único que cambiaría de aquella cena era el hecho de que el rubio no dejase de admirar sus ojos en voz alta. La culpa era suya por haber vuelto a sacar el tema, era plenamente consciente de ello, pero es que no había sabido de qué narices hablar. Aquel hombre le ponía nervioso. Es decir, por una parte se sentía halagado. Nunca nadie como Clou se había fijado en él de aquella manera. Pero era una parte muy pequeñita en comparación con lo inquieto que le hacía sentir. Aquello no estaba mal, estaba fatal. Ellos dos no estaban hechos para estar sentados en la misma mesa. La verdad era que, ahora que lo pensaba, el empresario se había tomado muchísimas molestias para insinuarle lo que quería de él.
Había esperado cinco años a que su jefe fuese sustituido por uno más... ¿moderno? ¿permisivo? ¿inusual? Todavía no tenía un adjetivo claro para calificar a DeWitt. Se había ofrecido a guardarle una radio que había encontrado en la basura en su coche de lujo. Y le había llevado a cenar. El mago nunca se había visto en la situación de ser el muñeco de nadie, pero estaba convencido de que la mayoría de empresarios ricos no actuaba de la misma manera que Murray cuando quería que alguno de sus subordinados magos se abriera de piernas.

A aquel pequeño gran descubrimiento se le sumó la sorpresa de su petición. Ya era el segundo en aquella semana que le pedía que le tuteara cuando el protocolo exigía todo lo contrario. Primero Valentine DeWitt y ahora también Clou Murray. Aunque la situación no podía haber sido más diferente y el rubio no tardó en hacérselo ver.

“No, supongo que no.” musitó, dejando que la expresión de asombro que había elevado hasta el rubio volviera a enfocarse en el plato al tiempo que fruncía el ceño. “Y... ¿Hace, perdón, haces esto a menudo?” inquirió, sacudiendo la cabeza a mitad de pregunta para corregirse.

Era una pregunta horrible, lo sabía, pero estaba demasiado nervioso como para pensar en una pregunta más cortés. ¿De qué demonios iba a hablar con él si no tenían nada en común? No podía hablar de trabajo con él y se negaba en redondo a empezar una conversación insulsa acerca del tiempo. Además, quería saber dónde se estaba metiendo. Y, en ese sentido, Clou no tardaría en descubrir que a la hora de disparar preguntas a bocajarro Cameron no era tan discreto o tímido como su carácter dejaba entrever. Siempre le pasaba cuando se sentía expuesto de algún modo. Se volvía directo y tal vez algo “agresivo” por decirlo de alguna manera. Era su manera de protegerse, de volver a levantar sus defensas para evitar que el rubio volviese a mirar tanto de él sin su permiso.
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Clou
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El ambiente parecía más suave, menos cargado, cubierto de una ligereza agradable. O al menos esa es la sensación que tenía mientras daban buena cuenta del primer plato.

Chasqueó la lengua contra el paladar al escuchar la pregunta de Cameron, no estaba seguro si lo decía en referencia a comer allí o a traer acompañantes… Cualquiera de las dos opciones eran válidas.

-Como te dije vengo en ocasiones-paladeó una cucharada más-Aunque no me quedo a comer tanto como me gustaría…Es un lugar tranquilo, agradable, discreto-enumeró. Las palabras transmitía una inocencia casi cómica; claramente Cameron esperaba una respuesta a otra clase de pregunta. Simplemente Clou se dio el placer de dilatar la respuesta en el tiempo, no porque temiera responderla, Cameron había encontrado un buen interlocutor para sus preguntas directas.

-Imagino que te refieres a otra cosa-rompió finalmente el aparente misterio con una risa suave. Estaba calmado, relajado, como quien entabla conversación con una persona cercana- Es la primera vez que traigo a alguien que no sea mi hermano –matizó recordando que Rin adoraba los dulces de ese restaurante. - Pensé que te gustaría y no me he equivocado-Cameron era expresivo, no sólo en su mirada, sino en todos sus gestos. El deseo de conocer todas y cada una de sus expresiones le devoró como las llamas al bosque. –Es mi turno…¿Porqué elegiste trabajar en el ministerio de derecho social? –los magos tenían pocas opciones de trabajo pero afortunadamente disponían de los suficientes como para poder elegir.

Acababa de instaurar un quid pro quo entre ambos. Era mucho más divertido cuando se hacía en la intimidad e implicaba perder prendas de ropa…Pero valía igual para las preguntas y respuestas. Había deducido que Cameron quería saber más de él, de él, sus apetencias íntimas o sus escarceos amorosos…Le parecía bien, porque igualmente quería conocer más sobre el mago. Ambos buscaban algo parecido, quizá movidos por razones distintas pero con un mismo objetivo.
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Cameron
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La cuchara del mago quedó suspendida en el aire a medio camino de su boca. Aquella no era la respuesta que había esperado y estaba casi seguro de que el rubio lo sabía. No se llegaba a ser uno de los empresarios más afamados y prestigiosos del país sin captar al vuelo las intenciones que los demás perseguían con sus preguntas. Y menos en una situación tan evidente como aquella.
Para cuando Murray hizo amago de interpretar correctamente su interrogante, Cameron ya se había dado cuenta de que estaba jugando con él. Vaya... le había salido travieso el rubio. Ni siquiera entonces le dijo lo que deseaba oír. Es decir, el hombre le había dado un dato interesante, pero no toda la información. Que nunca hubiese acudido allí con nadie que no fuese su hermano no quería decir que no hubiese salido antes con un mago. Y eso era precisamente lo que el moreno había pretendido averiguar antes de que el rubio se hiciera el listillo con él. Pero si creía que iba a librarse de tener que darle una respuesta iba muy equivocado.

Con todo, jamás hubiera esperado que, instantes después de hacerse el listo, Clou convirtiera aquello en un juego de preguntas y respuestas. Aquel fue su turno para sonreír y llevarse, por fin, la cucharada a la boca. Ahora que ya creía saber de qué iba todo aquello se sentía mucho más cómodo. Suponía que de haberse tratado de cualquier otra persona la situación hubiese sido mucho más violenta para él. Pero Murray parecía un buen tipo. Y ahora además acababa de volverse tan interesante como divertido.
Con parsimonia, tras tomarse su tiempo para saborear la sopa de tomate, respondió.

“No elegí trabajar en el ministerio de derecho social, me fue asignado.” corrigió, negando con la cabeza al tiempo que cargaba una nueva cucharada.

Durante un momento pareció que su respuesta iba a quedar tan solo en eso. Y por la mirada que le dedicó al final junto con la sonrisa que terminó por tirar de una de las comisuras de sus labios quedó claro que su intención con aquella pequeña y malintencionada pausa fue demostrarle que él también sabía cómo moverse en aquel juego. Cinco años rodeado de políticos era mucho tiempo para aprender, como mínimo, los trucos más básicos de retórica. Sin embargo decidió ser benevolente y darle al rubio lo que quería.

“Lo que elegí fue la carrera política y fue sólo porque me atraía la idea de poder ayudar a mejorar la vida de los demás.” declaró, por fin.

Por supuesto no especificó que, con los demás, se refería a los magos. No creía que fuese un dato de buen gusto y, en cualquier caso, era algo que no solía compartir con nadie. Su deber, al fin y al cabo, estaba para con los humanos. Y de todos modos hasta hacía bien poco ni siquiera a ellos los podía ayudar desde el trabajo. Sólo ahora, con DeWitt estaba empezando a poder actuar como había imaginado cuando decidió empezar la carrera. Y, aunque había hecho muy buenas migas con el nuevo Ministro, todavía era pronto para hablarle de sus verdaderas motivaciones.

“Trataré de afinar más esta vez.” aclaró. “¿Acostumbras a salir con magos en tu tiempo libre?” inquirió, ahogando el ritmo enloquecido de su corazón con una nueva cucharada de sopa.

Tal vez se había pasado de la raya siendo tan brusco, pero le había frustrado demasiado que le tomara el pelo de aquella forma como para pensarlo dos veces antes de reformular su pregunta.
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Clou
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Torció la boca al recibir la primera parte de la respuesta. Casi era una amonestación de un superior, un dato aclaratorio que evidenciaba su negligencia. Casi como regresar a la escuela cuando el profesor “recordaba” con cierta ironía una respuesta evidente. Había sido un fallo suyo dar por sentadas las libertades de los magos, cuando claramente no las poseían.

Afortunadamente su bochorno no duró mucho tiempo. Cameron completó su respuesta dejándole mejor sabor de boca. Clou simplemente le miraba entre curioso, divertido e interesado tras su cuchara. Saber que Cameron deseaba ayudar a los demás no hacías más que ennoblecerle a sus ojos.

¿Se referirá a los magos? ¿O a los habitantes en general?

Lo normal sería pensar que hablaba de todos, pero una parte morbosa y amante del peligro le insinuaba insistentemente que no era así. Que al mago le movían intereses más prohibidos; aunque no menos dignos.

Tomó otro par de cucharada preparándose pare recibir la pregunta directa de Cameron. Y así lo fue. Sólida y certera como una flecha. Se tomó unos segundos para contestar… La primera opción era responder: sí. Él mantenía contacto con magos; muchos de ellos empleados de las empresas Murray. Pero claramente se refería a “salir” de la misma manera que estaba ahora mismo. De ser así la respuesta sería: no.

-No, no salgo habitualmente con magos-explicó sin miramientos. Pero no dejó ahí la respuesta-Es complicado para ellos –imaginaba que Cameron mejor que nadie entendería las razones que podían llevar a un mago a rechazar el contacto de un humano-y también lo sería en parte para mi-en su mundo no era fácil llevar una relación íntima con un mago.

Entonces comprendió que de sus palabras se deducía que Cameron estaba recibiendo un trato especial. Y era cierto. No en vano ¿Cuándo había aguardado 5 años para abordar a alguien? No, decididamente ningún mago, humano o quimera consiguió tanta atención por su parte. Quizá Cameron deseaba saber si sus intenciones eran simplemente de acabar jadeando de placer entre embestidas o buscaba algo más.

Y lo fascinante es que ese “algo más” debe darle más miedo que la primera opción…Si yo fuera él así lo pensaría No era mago, así que jamás podría ponerse en su lugar al ciento por ciento; pero hacía su mejor esfuerzo.

-Parece que es mi turno ¿Has salido con algún humano? -la pregunta estaba cargada de la suficiente intensidad para dejar claro que no entraban acompañamientos en el trabajo, salidas de protocolo o similares. Él acababa de confesar, indirectamente, que había intimado alguna vez con magos aunque nunca de la manera en que lo estaba haciendo con Cameron. Y él ahora rebotaba la pregunta.

[No sabía de que manera llamar a los "no-magos" así que opté por "humanos", espero que no sea un término de ofensa]
Edited by Clou, 31 Jul 2014, 02:20 AM.
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Cameron
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Mago/Secretario del MDSC

Por un momento Cameron temió haber ido demasiado lejos. Clou podía ser mucho más amable y considerado que la mayoría de humanos, pero eso no hacía que él dejara de ser un mago. Seguía habiendo ciertas palabras, ciertas actitudes, que nunca debería emplear con él.
Por suerte el rubio no se molestó. De hecho, ni siquiera pareció sorprendido por su pregunta, como si de alguna manera ya la hubiera estado esperando.

Así pues, mientras aguardaba a que el empresario encontrara la mejor manera de responderle, se entretuvo mojando un poco de pan en la sopa. ¿Podía estar más endiabladamente delicioso? ¿Qué puñetas llevaba además del tomate? Sabía a... pimienta negra y también un poco a ajo. Había hierbabuena también -la mujer hasta había puesto un par de hojitas como decoración-. Estaba seguro de que el plato llevaba muchos ingredientes más pero por mucho que se esforzaba no era capaz de identificarlos.

En cualquier caso cuando la respuesta del rubio por fin tuvo lugar la cabeza del mago fue totalmente incapaz de intentar procesar nada más. ¿No? ¿Cómo que no? Había dado por hecho que la respuesta sería un sí rotundo. ¿Eso quería decir que él era el primer mago con el que salía o simplemente que era el primero al que llevaba a cenar en público?
Joder. ¿Complicado? ¡Claro que era complicado! ¿Pero entonces por qué salía con él? ¿O acaso creía que con él sería diferente? Era un mago como cualquier otro. Las consecuencias de dejarse ver con él en público serían exactamente las mismas que con cualquier otro mago. ¿A qué estaba jugando Murray?
Poco a poco las palabras del rubio le confundían más y más. Tenía fama de vividor pero esperaba cinco años para poder abordarle. No salía con magos pero le llevaba a cenar en público. Aquello estaba tomando un rumbo que no le gustaba nada.

“Yo, ahm...”

¿Qué debería responder? Si le decía la verdad tal vez le diera alas y no quería hacer eso. Pero si le mentía y le decía que no a lo mejor la idea de ser el primero le atraía demasiado como para anular cualquier posibilidad de que perdiera el interés por él. Con cualquiera de las dos opciones sentía que salía perdiendo.
Joder, si el rubio no se había dado cuenta todavía de lo tocado que le había dejado su respuesta el deslumbrante uso de la palabra que acababa de hacer con tan sólo dos monosílabos -uno sin ni siquiera significado- acabaría de dejárselo claro. Era un puñetero desastre.

“He estado con humanos, pero no he salido nunca con ninguno.” optó por decir finalmente, con el ceño fruncido y la mirada fija en su plato mientras jugaba a remover la sopa con la cuchara.

Si todo lo salía mal al final al menos habría sido diciendo la verdad. De todos modos era mucho más fácil decir la verdad que mantener una mentira, por pequeña que ésta fuera.

“¿Qué es lo que esperas exactamente de esto? ¿Por qué soy el primer mago al que te llevas a cenar? Yo no te voy a causar menos problemas que cualquier otro.” inquirió, mirándole de hito en hito, totalmente confundido.


[No, para nada, Cam también hace esa distinción mago-humano n.n Creo que es algo normal.]
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Clou
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Humano/Empresario multimillonario

Su respuesta había tenido un impacto inmediato en Cameron. Oh si, se notaba en la mirada, los gestos y el leve balbuceo que escapó de entre sus hermosos labios. Probablemente el mago era ahora mismo se sentía avergonzado por ser tan transparente, pero en cambio para Clou era un espectáculo casi tan fascinante como si ahora relamiera la cuchara eróticamente.

También agradeció la sinceridad en su respuesta imaginando lo difícil que era para el mago, él mismo la respondió segundos antes, y también comprendía que podía haberle mentido con total impunidad. Sin embargo Cameron eligió la opción de sincerarse.

Por lo visto en eso nos parecemos Ambos mantenían farsas a nivel laboral y social, pero no dudaban en poner las cartas sobre la mesa cuando era necesario. Y no es en lo único que nos parecemos pensó sonriendo comprensivamente al mago.

-Ya tenemos un punto en común-comentó sin demasiado hincapié. Los dos habían estado con personada de raza opuesta pero no habían llegado a mantener una relación con ellas.

Lo que vino a continuación fue difícil de encajar. Tuvo que dejar que la cuchara se hundiera en lo poco que quedaba de su consomé para centrar su mirada en los ojos violeta. En la confusión que en ellos veía. En el anhelo de respuestas se recordó mentalmente. Porque eso es lo que leía en su mirada: confusión y respuestas.

Lamentablemente, y por mucho que lo deseara, no podía aclarar por completo sus dudas. Él mismo no estaba rigiendo sus actos por un cálculo exacto, no había planeado todo aquello con antelación. Jamás estuvo en su imaginación que llegaría un día en el que podría invitarlo a cenar y que el hecho de que fuera un mago… Le importaría tan poco a la hora de abordarle.

Podía dar diferentes respuestas. La primera era fácil, natural y de puro instinto animal: te quiero gimiendo mi nombre mientras te retuerces de placer. No era en absoluto una mala perspectiva, lo deseaba, allí, en el coche, en la oficina, contra la pared del baño… El mago de ojos violeta encajaba en cualquier fantasía. Pero enseguida aparecía en su mente la segunda opción de respuesta: quiero saber todo lo que nadie es capaz de ver. Sí, repetir esa cena, incluso un almuerzo, o una tarde junto a la piscina con un refrescante cóctel entre los dedos. El mago también encajaba en ese marco. ¡Daba igual donde lo imaginara! Siempre quedaba endiabladamente bien.

Se relamió lentamente los labios. Buscó las palabras más sinceras, las que nadaban entre ambas opciones, y que a su vez plasmaban lo que él mismo sentía.
-Es una pregunta difícil de responder porque antes tendría que conocer mi propia respuesta-confesó. No pretendía parecer débil ante el mago; Clou estaba acostumbrado a controlar y así era la mayor parte de las veces. Pero también era un humano con situaciones en las que debía dejarse llevar. –No tenía “planeado” nada, tampoco planee tenerte “ahí” –un ahí que podía referirse a su cabeza o a su campo de visión- durante cinco años. Simplemente está sucediendo-bajó suavemente la mirada antes de volver a subirla con un barrido por los brazos donde estaba la pulsera, hombros y cara de Cameron –Eres un mago-sentenció sin acritud-Pero eso no me ha detenido-hizo una suave pausa- ni lo va a hacer-su tono no dejaba pie a dudas y destruía cualquier intento de huída. Era la declaración de un Murray. Había tomado su decisión y Luxor entero ardería antes de que él se rindiera a la primera.

Terminado su consomé entrelazó los dedos debajo de su barbilla- Hay cosas por las que merece la pena tener problemas-y Cameron sin duda era una de ellas. Al principio de la conversación le había dicho que era él quien decidía lo que era o no importante, a lo que dedicaba o no su atención; parecía que esa premisa se mantenía-…además pueden ser los magos quienes no deseen complicarse, igual no les merezco la pena-se encogió de hombros apretando los labios en un movimiento amargo. Esa posibilidad existía. De hecho efectivamente, casi siempre era lo que pasaba -¿Porqué tú? ¿Porqué complicarme? Bueno…por razones como…–le miró dejando de lado la sonrisa amarga, a penas curvando sus labios pero sosteniendo los ojos azul mar en la tez clara del mago -¿Porqué subiste a mi coche?-cada vocablo de la pregunta se dejó acariciar por los labios de Clou envolviéndola en un tono sugerente e intrigante.

Cameron tuvo la ocasión de marcharse. No una, sino varias veces. Y no lo hizo. De nada valían las excusas del deber, la educación…Todo ello acabó derrumbado frente al coche. Sin embargo estaban ahí. Los dos “buscándose problemas” frente a frente en una mesa. Disfrutando de una deliciosa comida. Y perdiéndose en los ojos del otro.
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