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Cita... ¿de negocios?; [Clou]
Topic Started: 17 Jul 2014, 01:55 PM (179 Views)
Cameron
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Mago/Secretario del MDSC

-Hay cosas por las que merece la pena ser persistente.-

Las palabras del empresario habían seguido dando vueltas en su cabeza durante toda la tarde. Por supuesto, había continuando llevando a cabo sus obligaciones con total eficacia. Pero no lograba quitarse de encima la molesta sensación de estar siendo acechado. Como si hubiera caído en una trampa y sólo estuviera esperando el momento en que su cazador llegara para cobrarse su presa.

Probablemente estaba siendo un exagerado. Clou Murray podía ser un tiburón de las finanzas, pero siempre se había comportado de una manera muy educada con él. No tenía ningún sentido desconfiar de aquella manera del rubio. De hecho, conforme más lo pensaba más se daba cuenta de lo descortés que había sido por su parte rechazar la ayuda que le había ofrecido la primera vez.
Estaba seguro de que el empresario tan solo querría tratar algún tema de trabajo con él. ¿O no era casualidad que le pidiera que fueran a cenar juntos ahora que Morrison no estaba a cargo del Ministerio de Derechos Sociales y Cultura? Sí, al final todo se reduciría a eso. Tal vez sólo quisiera averiguar qué planes tenía el nuevo ministro y si afectarían de alguna manera a los proyectos que éste había heredado de Morrison. Clou Murray siempre había sido un importante apoyo para el anterior ministro. Y a cambio, claro, se aseguraba de salir beneficiado con las medidas que aplicaba el anciano. Seguramente sólo querría comprobar que sus intereses seguían estando bien protegidos, nada más.
Aunque el rubio nunca le había parecido de los que actúan en la retaguardia. Si tanto interés tenía por conocer las posibles consecuencias que un cambio en la dirección del ministerio podía causarle no entendía por qué no le había preguntado a DeWitt directamente. ¿O tal vez lo había hecho y el muchacho no había sabido muy bien qué responderle? Al fin y al cabo Valentine acababa de llegar y era comprensible que el día que tuvo lugar el encuentro, a pesar de que habría repasado los planes que afectaban al rubio, no los conocería con suficiente detalle como para poder hablarle con claridad.

Ahhh... puñetas.

Pese a que había estado tentado varias veces de informar a su superior de con quién cenaría aquella noche finalmente no se había atrevido. La situación era tan inusual que no sabía cómo plantearla. Además, pese a que imaginaba que hablarían de trabajo, lo cierto era que no tenía ni idea de lo que alguien con el estatus de Clou Murray pudiera querer de él. Si al final se trataba de algo importante ya se lo haría saber al ministro.

Pero aunque a lo largo de la tarde había logrado mantener cierta serenidad, cuando llegó el momento de apagar las luces y salir del despacho era un auténtico manojo de nervios. Remoloneó regando las plantas, limpió la cafetera, incluso rellenó el azucarero. Todo en tal de retrasar el momento del encuentro todo lo posible. Y aún así, cuando bajó a recepción el rubio todavía no había salido de su reunión.
Así, con un hondo suspiro trató de relajarse y se sirvió un vaso de agua del dispensador. Al menos así tal vez lograra tragarse los nervios y la molestia. Era algo que no podía evitar. Cada vez que algo le ponía nervioso se le ponía mal humor. Probablemente a causa de la simple sensación de impotencia.
En fin... al menos la muchacha de recepción, pese a que le miró con curiosidad un momento, no le dijo nada. Así que, en vista de lo que el rubio pudiera tardar, terminó por sentarse en uno de los cómodos sofás de piel del hall para mantener la mente ocupada revisando la agenda que DeWitt tenía preparada para el día siguiente.
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Cameron
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Mago/Secretario del MDSC

¡Claro que tenían aquel punto en común! ¡Porque era imposible -imposible- que un humano y un mago pudieran mantener una relación que fuera más allá de lo puramente laboral u ocasional! Un mago no podía casarse, no podía tener hijos ni formar una familia. Sólo era una mera herramienta del Estado, nada más. ¿Quién iba a querer estar con alguien así? Por si fuera poco la sociedad condenaba al ostracismo a cualquier humano que mantuviese algún tipo de interés románico por un mago.
Cameron ignoraba si, de haber vivido tiempos distintos, hubiese aceptado salir con un humano. Pero, en vista de cuál era la situación que le había tocado vivir, lo que sí tenía claro era que no quería a su lado más motivos de preocupación de los que ya tenía. No necesitaba lidiar con la caída en desgracia de ningún humano para que su existencia fuese un continuo ir y venir de ansiedades. Le bastaba con tener que pelear cada mes para pagar el alquiler de su apartamento, encontrar la manera de hacer un par de comidas dignas al día sin jugarse la última semana del mes y rezar cada mañana para que no saliera alguna nueva ley que pudiera poner en peligro su ya de por sí precaria situación.
No, definitivamente no necesitaba añadir a todo aquello los cuchicheos que una relación con un humano levantaría a su alrededor, la caída en desgracia del humano en cuestión y, probablemente, la suya propia.

De modo que, si lo que Clou Murray andaba buscando era un entretenimiento esporádico no tenía ningún problema en cumplir su función. Pero si lo que quería era algo más iba a tener que buscarse a otro.

Tratando de esconder en vano su ansiedad hundiendo un nuevo trozo de pan en la sopa, el mago se forzó a respirar hondo y esperar pacientemente a que el rubio terminara de organizar sus ideas antes de contestarle. ¿Tanto le costaba dar con una respuesta? ¿Acaso no sabía qué era lo que quería? Tanta espera estaba haciendo que se pusiera en lo peor.
Y, efectivamente, en eso se puso cuando el empresario por fin abrió la boca. Con cada palabra Cameron se iba hundiendo más y más, incrédulo, mirándole muy fijamente, casi espantado, incapaz de procesar lo que estaba oyendo. Aquello no podía estar pasándole a él. Clou Murray era un tipo rico, atractivo y, por encima de todo, inteligente, no podía hablar en serio. O tal vez él le estaba malinterpretando. ¿Pero de verdad hacía falta dar tantas vueltas sólo para decirle que únicamente se había interesado en él para echar un par de polvos?

“Eres un mago. Pero eso no me ha detenido ni lo va a hacer.”

Las palabras del rubio cayeron sobre el mago como una sentencia de muerte. La tenacidad de los Murray era legendaria. Cuando algo se les metía entre ceja y ceja no había manera de detenerlos hasta que lo conseguían. Más de una vez había visto maldecir a su antiguo jefe por tener que sufrir aquella particularidad en el propio Clou. Nunca creyó que algún día sería él quien tuviera que agarrarse al borde de la mesa y apretar los dientes en vista de lo que se le echaba encima. ¿O podría huir de alguna manera? Tal vez... si lograba que perdiese el interés en él. O si le rechazaba... ¿Sería lo suficientemente considerado también cuando le rechazara para no volver a insistirle nunca en el tema? ¿O insistiría e insistiría como cuando trató de eludirle en el parque? Ahh... joder...

“¿¡Qué!?” exclamó, aunque su voz apenas llegó a elevarse lo suficiente como para alterar el ambiente cálido y tranquilo del local.

Durante unos segundos la mente del mago fue un auténtico hervidero de ideas inconexas. ¿Ahora tenía él la culpa de que aquello estuviera teniendo lugar? ¿Quién no le dejó otra opción que aceptar? Clou Murray era un hombre demasiado importante como para seguir negándose a partir de la segunda vez, demasiado influyente como para dejarle plantado. DeWitt tenía intención de iniciar un gran número de proyectos de los que Murray sería uno de los principales apoyos. ¿Y si por su culpa no...? Pero las cosas no funcionaban así y Cameron lo sabía. Todo aquello eran excusas, ¿verdad? Clou Murray jamás echaría a perder un buen negocio con Valentine sólo porque él se negase a salir con él. Y creía conocer lo suficiente de él como para saber que, de haber rehusado su invitación, el rubio no hubiese tomado represalias en su contra.
¿Por qué se había subido a su coche entonces...? ¿Por miedo? Definitivamente no. ¿Por curiosidad? Pudiera ser. ¿O...? Mierda.

“Supongo que la culpa ha sido mía por no poder resistir que un humano me invitara a cenar con él como si yo fuera una persona normal.” respondió con amargura y, por qué no, también cierta rabia contenida.

No estaba enfadado con Clou en realidad, ni mucho menos, sino consigo mismo. Nunca debió aceptar aquella invitación. Y mucho menos permitir que le hiciera ningún favor. El rubio jamás debió acercarse a él con aquella gran sonrisa tan suya y sus ojos color cielo. Pero él nunca se perdonaría haberle seguido el juego conociendo las consecuencias.
Con el ceño fruncido y su mirada violeta refulgiendo con decisión, el mago no detuvo ahí sus palabras.

“Tal y como ha dicho hay cosas por las que merece la pena buscarse problemas, pero yo no soy una de ellas, señor Murray. No si sabe lo que le conviene.” declaró, tajante. “Y ahora, si me disculpa, creo que ya he cometido demasiados errores por un día. Ha sido un placer.” añadió, poniéndose en pie y tomando su chaqueta para dejar un par de billetes arrugados sobre la mesa antes de salir a toda prisa del restaurante e iniciar el regreso a casa.

Menos mal que siempre solía llevar algo de metálico en los bolsillos de la cazadora porque no habría soportado deberle nada más a aquel hombre. Por su parte, Murray podía quedarse las vueltas, podía quedarse la radio también si quería, a cambio lo único que esperaba era que le dejara tranquilo y olvidara aquel encuentro absurdo.
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Clou
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Humano/Empresario multimillonario

Cameron enrabietado. Chispeante. Tajante. Brusco. Indignado con él o consigo mismo. Ofendido. Intransigente. Cabreado. Digno. Todas las palabras serían pocas para definir el comportamiento del mago. Ese gesto orgulloso. Los billetes lanzados a la mesa sin pararse siquiera a la vuelta, una actitud más propia de millonarios que de un secretario. El movimiento limpio de la chaqueta. La salida directa, no mirando un segundo atrás.

Le había seguido con la mirada sin emitir un solo ruido. Únicamente arqueó una ceja y entrecerró los ojos cuando la figura desapareció tras la puerta.

Maldito secretario indignado y mal educado, plantándome… pensó resoplando …que caliente me pones debía aceptarlo, tentado estaba de salir tras él, agarrarle de los pelo y empotrarlo contra la pared. Pero se quedó en su sitio, apoyando la espalda en el respaldo de la silla. Cerró los ojos unos segundos abriéndolos cuando sintió los pasos de la dueña del local. Le sonrió encantado, se puso en pie y estiró la mano para coger los billetes que Cameron había dejado guardándoselos en el bolsillo.

-Todo estaba deliciosos-comentó con una sonrisa inmaculada-¿Podría ponerme lo demás para llevar?-consultó tendiéndole la tarjeta de créditos. Mientras le cobraban y preparaban el pedido se colocó la chaqueta. Estiró bien la tela, se peinó los mechones con un ágil movimiento de la mano y deseó “buen provecho” a los demás clientes.

Recuperó su tarjeta al llegar a la salida, lo mismo que el pedido pulcramente guardado en una bolsa opaca –Gracias, ha sido un placer impagable disfrutar de su local- se despidió tomando la mano de la dueña y llevándolo hasta los labios a modo de “besamanos”. Una risa coqueta y maternal escapó de la propietaria.

Ya dentro de su vehículo se permitió dejar caer la cabeza hacia atrás, contra el asiento. A su lado sintió, sin necesidad de confirmarlo, el aparato de radio. Dejó caer de lado la cabeza, con el pelo haciendo un abanico dorado descuidadamente sobre el cuero. Lo miró largamente mientras el vehículo recorría las calles de la ciudad, la luz que parpadeaba en el interior iluminaba u oscurecía el bulto. Sonrió triunfante.

-No me voy a detener-repitió en la soledad del vehículo. Cuando llegase a casa haría una llamada.

[ESCENA TERMINADA]
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