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Trabajando hasta tarde; (Cameron)
Topic Started: 19 Jul 2014, 04:41 PM (165 Views)
DeWitt
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La luz nocturna se agolpaba contra la aguja, colándose en los despachos vacíos y arrastrando sus manos sedosas y sombrías por cada rincón solitario, rodeando aquellas zonas aún iluminadas, agolpándose como un rostro curioso contra el vidrio que separaba a los trabajadores tardíos de su manto de misterio, de sus calles punteadas por neones, de su libertad.

La atención de la noche había caído sobre el edificio haría unos veinte minutos, pero hacía más de treinta que los empleados más afortunados se marcharon. No era el caso del ministro de derechos humanos y su anegado secretario. Ellos continuaban sentados tras el escritorio, envueltos por la luz vibrante y blanquecina del techo, concentrados. Al menos así fue hasta que un suspiro débil escapó de labios del flamante ministro.

Agobiado y agotado Valentine se echó hacia atrás, reposando la espalda dolorida en el mullido y viejo butacón. Cerró los ojos mientras se quitaba las gafas, mordiendo una patilla. Recordó ponérselas porque le picaban los ojos pero ahora además de tener ese molesto ardor una marca rojiza se instaló en su nariz, dónde se apoyaba la montura. A pesar de ser muy ligera, de construcción elegante y color negro. Gimió abandonando la pantalla líquida dónde estaba escrito su discurso de acceso al cargo. Estaba harto de releer la misma línea una vez tras otra. No porque el texto fuese pesado ni nuevo para él, al contrario, estaba muy bien redactado pero no podía más. Tenía hambre, quería fumar, y por dios, quería que terminase la apestosa semana de trabajo excesivo. Acabar de ponerse al día, participar en la dichosa fiesta que habría después del discurso y mandarlos a todos a freír espárragos.
Bueno, no tanto, con levantarse a tomar el aire, fumar y estirar las vértebras de la espalda ya le valía. Además, le daba lástima tener a Cameron allí retenido. Era un gran chico, un buen ayudante, se molestaba muchísimo y si no fuese por él al segundo día habría muerto devorado por la pila de papeleo.

Me habría muerto el primer día, leyendo esa mierda de informe que hizo Morrison, refunfuñó, ese viejo lo hizo apropósito.

A pesar de encontrar cosas interesantes y útiles; pero si lo logró fue apoyándose en el brillante resumen del mago. A quien por cierto espió de reojo. Acababa de quitarse las gafas así que tardó un poco en ajustar la visión y percibir su perfil sin ese molesto halo borroso.

-Cameron... puedes irte si estás cansado.
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DeWitt
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Al salir la brisa sacudió su cabello ceniciento, remeciéndolo y obligandole a apartar unos mechones tras la oreja. Hacía fresco debido a la altura pero las vistas compensaban cualquier diferencia térmica, e incluso podía resguardarse tomando asiento en los anchos salientes del gigantesco alero que hacía las veces de azotea, de balcón a Luxor.

El perfil luminoso de la capital volvió a maravillar al político que se quedó embobado con la luna llena mientras el mago admiraba tan hermoso -y desconocido – rincón. Muy pocos apreciaban su hermosura realmente y no podía ser más propicio porque así podía tenerlo para disfrute íntimo cuando deseaba. Simplemente perfecto. Este pequeño pensamiento incentivó el espíritu del político que pasó a situarse junto al mago. Tomó asiento en el pulido cemento de aquella zona.

Valentine también contempló la robusta figura de Skyfall, cuya cumbre parecía rodeada de nubes como si el mismo cielo nocturno y estrellado estuviera devorándola. Era imponente, un titan de ojos vigilantes y garras férreas que hacía temblar los corazones del populacho con su mero existir. Por supuesto Valentine no compartía el sentimiento amargo de Cameron cuando veía la prisión del cielo, para él era un símbolo de justicia, sí, de poder y un mal casi necesario, pero también representaba y encerraba recuerdos que de lo preciados que le eran resultaban dolorosos. Allí había trabajado su madre, él tenía recuerdos de ir a visitarla de la mano de su hermano mayor y su padre, de correr por los pasillos y los jardines del complejo...

“No deberías haberme enseñado este sitio.”

Encontró el semblante serio del secretario tras escuchar aquella frase y girarse a mirarlo, arqueó las cejas pero en cuestión de segundos ambos sonreían divertidos, incluso dejó escapar una breve risa mientras tomaba el bocadillo que le tendía Cameron.

-Me conozco sitios mejores para escaquearse -prometió, o amenazó, en broma bajando la cabeza a su cena mientras el mago le agradecía con sinceridad. Eso le provocó un ápice de ternura y negó, quitando importancia al agradecimiento. No era necesario -. Mmmmh trabajando no... Vine de visita en alguna ocasión, pero, este sitio me lo enseñó mi madre cuando era pequeño. El apellido DeWitt abre algunas puertas de mantenimiento... Aquí fue dónde mi padre le propuso matrimonio a mi madre, aunque no era político y ella trabajaba en Skyfall y Hope pero ya sabes... soy un niño pijo.

Valentine rió para si, dando el primer bocado al sandwicht, cuando tragó se quedó mirando el bocado como si hubiese esperado otra cosa, lo que no se podía afirmar era si esa “cosa” era mejor o peor de lo obtenido. Ladeó la cabeza y le dio otro pequeño mordisco, después sacó el paquete de cigarrillos y lo colocó en el suelo entre ambos.

-Después visité la Aguja para las prácticas, con otros estudiantes recién graduados. Fue casi fugaz y pronto me dieron destino fuera de la capital...
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Cameron
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Sin dejar de sonreír, el mago no pudo más que alzar las cejas ante la declaración del Ministro.

“Espero no tener que empezar a preocuparme.” respondió, siguiendo con la broma. De sobra sabía que DeWitt no podría pecar jamás de descuidar sus deberes. Y mucho menos de ser un vago. Se le veía demasiado ilusionado con su nuevo cargo y muy responsable. Sin embargo, le hizo gracia imaginárselo huyendo de él, escondiéndose por los rincones mientras los informes se amontonaban unos encima de otros en el despacho.

Sorprendido ante la información, Cameron miró alrededor con renovado interés. Sin duda era un lugar muy bonito para llevar a cabo una petición de matrimonio. Y exclusiva, para qué negarlo.

“Espero que no te haya molestado mi comentario de antes, en la cafetería.” indicó, bajando ligeramente la cabeza a modo de disculpa.

Tal vez se había tomado demasiadas confianzas. A pesar del buen trato que Valentine le dispensaba él no debía olvidar cuál era su lugar. Además, precisamente por lo bien que se portaba con él no deseaba hacerle sentir incómodo.

“¿Te gusta?” preguntó al verle dar el primer bocado al sandwich de pollo con curry.

De todos aquel era su preferido. Tenía un sabor suave y la salsa se mantenía jugosa, sin secar el pan. Con todo, le resultaba difícil adivinar si Val era de su misma opinión a juzgar por la cara de póquer que llevaba puesta.

Se daba cuenta de lo poco que sabía en realidad de su nuevo jefe. Había oído rumores, claro, pero con eso no bastaba. Ni siquiera estaba al corriente de que el chico hubiese estado trabajando fuera de Luxor. A decir verdad... le parecía tan joven que ni siquiera había considerado la posibilidad de que hubiera podido trabajar gran cosa antes de convertirse en Ministro. Algo totalmente ilógico por otra parte. Lo más sensato era poner en un cargo tan importante a alguien capaz y con experiencia a sus espaldas y no a un recién licenciado.

“Y... ¿a dónde te mandaron?” preguntó, incapaz de reprimir la curiosidad.

Él no había tenido oportunidad de salir de Luxor tras abandonar Avalon, así que aprovechaba cualquier oportunidad para averiguar cosas sobre el resto de ciudades del país. Le encantaría ver Eriador alguna vez. Aunque suponía que aquello, como tantas otras cosas, era algo imposible.
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DeWitt
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Con más premeditación de lo que reconocería nunca Valentine ignoró la primera pregunta del mago para concentrarse en su respuesta sobre el sandwicht:

-No está mal -sonrió escogiendo las palabras con delicadeza pues en realidad le gustó porque tenía hambre, aunque no era ni de lejos lo mejor que había probado. Era una de esas cosas “para un apuro” que te podían salvar la vida si se te estropeaba el coche en el desierto de Dagar y sólo encontrabas una máquina expendedora de esas que tienen bocadillos revenidos desde hace un mes y bebida caliente. Dio otro pequeño bocado y cuando tragó miró al mago -. Pensaba que es una pena que no sea curry de verdad... y que es una buena mezcla para un sandwitch. Podría hacerlo en casa ¿Te gustaría participar del experimento? No sé cocinar gran cosa.
El ministro río para si, poco aficionado a los fogones pues no solía tener tiempo y además contaba con quién le hiciese ese tipo de cosas, así que no veía la necesidad de exponerse a un posible auto-envenenamiento.

Valentine continuó mordisqueando su cena mientras la conversación fluía hacia otros derroteros, internándose en lo que fue su experiencia fuera de Luxor, ese tema le trajo buenas recuerdos y su rostro se contagió del sentimiento. Recordó el largo viaje en la serpiente mientras cruzaban la extensión de arena y pequeñas ciudades industriales hasta llegar al mítico destino.

-A Babel -buscó los ojos violeta del mago, observando su reacción antes de retornar al horizonte nocturno que los rodeaba. A tanta altura hasta los sonidos de la capital parecían murmullos, sólo el viento y la torre crujiendo bajo sus cuerpos tenían el protagonismo -. No quiero ser prepotente pero soy bastante listo así que me gradué un poco antes de lo esperado -. Valentine pasó a explicar algo sobre lo que sabia la opinión de la mayoría de sus detractores. A fin de cuentas no era estúpido y sabía ver esas cosas, era lo normal y lo esperable siendo tan joven para aquel puesto; pero se esforzó durante todos los años de estudio, durante los largos meses en Babel y en Eriador -. Creo que me enviaron a Babel pensando que allí me pondrían en mi lugar... es un sitio realmente duro políticamente hablando. También pasé unos meses en Eriador, cuando las elecciones. Supongo que en realidad soy muy afortunado porque no he tenido que empezar en pueblos agrícolas ni en pequeñas ciudades industriales.

Obviamente a nivel social arrojar a ciudadano de la clase de los DeWitt a un agujero de mala muerte en mitad del desierto sería mal visto, por eso quizá, y sólo por eso, fue lanzado directamente al circo de los leones. Supo hacerse un hueco y ahora estaba sentado en aquella cornisa con su secretario, a sólo unos días de ser oficialmente ministro titular de Luxor. Se preguntó si sus padres estarían orgullosos, si Antoine lo estaría también.

Seguro que sí.

-¿Tú...has estado en otra ciudad?
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Cameron
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A pesar de que la intención de Valentine por no hacerle sentir mal-había sido él quien había insistido en comprar también el sandwich de curry- fue más que evidente, el mago no pudo evitar sentirse entre apenado y molesto. Es decir, si el muchacho se hubiese detenido en su primer comentario sólo se habría sentido apenado. Al fin y al cabo le sabía muy mal que, habiéndolo elegido con toda la ilusión del mundo, no hubiera podido arrancarle un ¡me encanta! tras el primer bocado. Pero continuó hablando y un cierto regusto de impotencia y resentimiento empañó el sabor del curry. Si quería curry de verdad que le hubiese pedido un sandwich con curry de verdad a la cocinera...
Entonces el político siguió hablando y toda la molestia y el resentimiento se transformaron en otra cosa, en arrepentimiento por seguir siendo capaz de pensar así de un hombre que ya había demostrado en una semana ser muchísimo mejor persona con él de lo que lo fue jamás su anterior superior. O bueno, en realidad primero se convirtieron en sorpresa y luego, cuando por fin pudo salir de su estupor, en arrepentimiento. ¿Acababa de invitarle a su casa? El cansancio debía de haber afectado al humano más de lo que había creído...

“¿Lo dice en serio...?” inquirió, mirándolo con perplejidad aún.

Inconscientemente había vuelto al usted. ¡¿Pero qué quería...?! ¡Estaban hablando de ir a su casa! ¡A casa de DeWitt! ¡Él! Uf... se estaba mareando...
Por suerte el aire a aquellas alturas corría fresco y con cierta fuerza por lo que no tardó en espabilarse y recuperar el control sobre sus pensamientos.

“Yo no... Bueno... Estaría encantado de ir.” dijo al fin, después de sacudir la cabeza y sonreír con timidez.

En cuanto Valentine empezó a hablar de su pasado fuera de Luxor se le iluminó el rostro. ¡Y no era para menos! Babel y Eriador. Vaya... Saberlo hizo brillar la curiosidad en sus ojos violetas. Oír que se definía como alguien bastante listo, por otro lado, le arrancó una risa francamente divertida. No, no sonaba para nada prepotente, pero se lo perdonaba porque esa era la verdad y punto. De no haber sido así ahora no estaría ocupando aquel puesto ni estarían allí hablando.
Pudo haber aprovechado el comentario final para hacer otra broma a su costa, pero ya se había disculpado una vez por llamarle pijo. No metería la pata de nuevo. En lugar de eso negó con la cabeza y se encogió de hombros.

“Sólo en Avalon, en la Academia. Pero después de graduarme me enviaron aquí para formarme en la carrera política y me asignaron a este ministerio.” explicó con cierta desilusión. “No me quejo. Yo también he tenido mucha suerte de que no me trasladaran a ninguna aldea. En Luxor se vive muy bien y el sueldo es mucho mejor que en otros lugares.” se apresuró a añadir. “No sé... siempre me ha hecho ilusión poder ver Eriador. Hasta ahora sólo conozco de ella lo que he visto en los panfletos y en los documentales de televisión, pero parece bonita. ¿Es tal como la pintan o lo exageran todo?” preguntó, dándole un nuevo bocado a su cena.
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DeWitt
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Valentine tuvo un segundo de arrepentimiento al realizar la velada oferta al mago, supo por su expresión que se había pasado. Tal vez fuera incómodo para Cameron y él estuviese tomándose confianzas de más. A fin de cuentas era un mago, no eran iguales, su estatus y su educación diferían en muchísimos puntos y él no quería poner incómodo al secretario, pero, incluso si llevaban tan pocos días trabajando codo con codo empezaba a cogerle confianza. Era un buena hombre, un buen trabajador y a veces se olvidaba de su condición... de lo que esa condición representaba.

Parpadeó, manteniendo la mirada sobre el mago hasta que obtuvo su nerviosa aceptación. Sonrió para devolver el gesto, sin un ápice de timidez, y la breve tensión desapareció mientras el tema fluía y cambiaba concentrándose en sus viajes por las ciudades más destacadas del país. Realmente Valentine ya las conocía de antes, de vacaciones o viajes familiares, incluso pudo acompañar a su hermano en algunos asuntos del ejército.

-Mmmh...personalmente nunca me ha pareció que exagerasen -dijo tras darle el último bocado al pollo con curry, relamiéndose el labio inferior y limpiándose los dedos en la servilleta antes de coger un cigarrillo -. He visitado varias veces Eriador, tanto por placer como por trabajo y en ambos casos quedé encantado ¿Nunca has podido ir? ¿En vacaciones?

El ministro conocía la situación de los magos como lo haría cualquier otro ciudadano, pero este conocimiento nunca era fiel a la realidad... sólo los magos conocían su situación sin adornos ni tapujos, por eso en el tono del político quedó reflejada la curiosidad sin malicia. Sabía que cobraban mucho menos que un humano que realizara el mismo trabajo, sin embargo, en teoría si eran prácticos y ahorradores tendrían que poder permitirse casi lo mismo.

Valentine no le dio demasiadas vueltas a esa cuestión, realmente, inconsciente de lo delicada que podía ser para Cameron y le tendió la cajetilla de tabaco por si quería un cigarrillo, después sacó el encendedor. Tras la primera calada su expresión se había vuelto como la de un crío que tienen preguntas en la cabeza que no se atreve a realizar.
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Cameron
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Pero Cameron no llegó a sentirse ofendido en ningún momento por la invitación. Más bien... abrumado, ¡sí! Esa era la palabra exacta que definía cómo se sintió en aquel momento. Abrumado por verse en una situación tan decididamente fuera de lo común, por el montón de normas sociales y culturales que DeWitt acababa de saltarse en un momento y, sobre todo, por el temor de no estar a la altura. El político se comportaba con él como si fuese otro humano más cuando en realidad no era más que un mago. No quería que el muchacho se hiciera una idea equivocada de él, ni tampoco meterle en líos. Pero, por encima de todo, no quería decepcionarle.

En cualquier caso el tema pronto quedó aparcado en favor de los lugares que Valentine había conocido en sus años de recién licenciado. Tal y como había sospechado Eriador era un lugar que merecía la pena ver antes de morir. Podía ser consciente de que la ilusión que sentía por conocerla algún día no era más que un sueño, pero eso no le hacía perder la esperanza.

Al oírle preguntar si no había aprovechado ningunas vacaciones para ir se armó de paciencia y negó con la cabeza.
Como cualquier mago, Cameron sabía cuál era la versión que los medios de comunicación difundían acerca de su situación económica. Hacían creer a los humanos que si eran ahorradores podían vivir como cualquiera de ellos, dándose los mismos caprichos y comprándose las mismas cosas. ¿De verdad se podía ser tan ingenuo como para creerse aquellas cosas? Para poder vivir igual que ellos deberían cobrar lo mismo que ellos. Ni más, ni menos. Punto.
Cameron podía sobrevivir con su sueldo actual. No era de los más altos a los que podía aspirar un mago, pero era mucho mejor que el que tenía la mayoría. Con él pagaba el alquiler de un departamento en bastantes buenas condiciones, muy cerca de una de las estaciones que salpicaban el círculo residencial externo de Isna; comía; y se vestía. Si quería darse algún lujo o, aún más, si quería poder acudir vestido en condiciones a una celebración a la que además había sido invitado en el trabajo, debía ir a Siwa y mendigar por alguno de los muchos trabajos que allí te podías encontrar. Preferentemente uno en el que no necesitara bajarse los pantalones y en el que su seguridad estuviese medianamente asegurada.

Con todo, no era partidario de ir contando sus penurias a diestro y siniestro. Y mucho menos a su jefe, por muy amable y solidario que hubiese demostrado ser.
De modo que, en lugar de profundizar en el tema prefirió aceptar uno de los cigarrillos que el muchacho le tendía con un gracias y esperar a que sacara el mechero para inclinarse cuando hizo amago de encendérselo.

Al mirarle a los ojos desde tan cerca casi pudo ver el torbellino de preguntas que pugnaban por tomar forma a través de sus labios. Valentine DeWitt era, sin duda, alguien único en su especie. Lo que no tenía claro todavía era si había sido tan afortunado de encontrárselo en su camino como había creído desde un principio. Alguien tan liberal como parecía serlo Valentine... en fin, podía ver más de una noche sin dormir a causa de los conflictos a los que conduciría su manera de pensar, pero no le asustaba la aventura. Al menos no mientras no se saliera de los caminos que marcaban el sentido común. O lo que es lo mismo, la voz del líder.

Tras mirarle con suspicacia y dar la primera calada, sonrió, divertido.

“Empiezo a pensar que quieres pedirme algo.” admitió, deseando no estar equivocado porque no soportaría la vergüenza de haber dicho algo así sin que fuese verdad.
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DeWitt
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Exhaló el humo lentamente, manteniendo la infantil expresión incluso si saberse leído con tanta sencillez por aquellos ojos violetas era bochornoso. No le importó demasiado, estaba acostumbrado a lograr sus objetivos y cierto grado a la hora de salirse del tiesto estaba bien, incluso por encima del acelerado latir de su corazón humano, tan llano e idealista, tan poco apropiado para el puesto que ostentaba. Todos sabían eso, la mayoría del pueblo que le apoyaba a penas podía creerse su ascenso y casi todos en la Aguja observaban su persona con una mezcla de fascinación curiosa y suspicacia...
...incluso el mago frente a él. Estaba seguro de ello, en el fondo, pero no logró sentir algo malo siendo consciente de esa situación. No le importaba porque bajo su apariencia siempre fue un luchador, quizá estaba lejos de ser el tipo de héroe y personaje poderoso que era su hermano, un luchador nato en primera línea de la vida. Valentine podía ser denominado un luchador de fondo. Algo así.

Aguantó la sonrisa en sus labio temblorosos mientras enfrentaba la cuestión de Cameron y, finalmente, la risa brotó corta pero alegre de su garganta. Sin pensarlo, de repente, tenía un dedo entre las cejas del mago, frotando la piel ligeramente arrugada de esa zona. Lo hacía a menudo, Cameron, adquirir una expresión grave y las cejas se le fruncían de forma graciosa. Así no podría tomárselo en serio. Parecía un gato grande y desconfiado.

-Me has pillado-confesó con ligereza, dejando atrás el descarado toqueteo que acababa de proporcionar a su secretario y se acomodó en el suelo, dejando que la brisa le azotase juguetona. Hacía un poco de frío allí arriba pero mientras comían y su cuerpo se calentaba con el proceso de la digestión podría aguantarse bien . Sé que me tomó confianza contigo, Cam, e igual te parezco descarado pero...-. Cómo es Avalon. Soy humano, así que tengo prohibido viajar allí sin buenos motivos... Una ciudad eternamente congelada... ¿Eso es verdad? Suena como si la hubiesen sacado de una leyenda.

El rostro del joven ministro adquirió mientras hablaba un deje distraído, soñador incluso. Observaba el cielo con sus ojos plomizos bien abiertos, fascinado con los jirones de nube que de tanto en cuando cubrían la luna llena que los iluminaba. Era una noche preciosa y las luces de la ciudad tintaban la negrura del firmamento de azules y morados eléctricos. Al tiempo que esto ocurría el cigarrillo se consumía entre los dedos de Valentine, el humo enroscándose como una sierpe intangible en su viaje hacia las estrellas.
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Cameron
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A diferencia de sus palabras, el gesto del humano le sorprendió. Con todo, Cameron no lo calificaría como descarado, ni siquiera de desagradable, sino simplemente raro. Después de todo no había tantas personas que acostumbraran a tomarse tantas confianzas con él. Y mucho menos de la misma manera en que parecía hacerlo DeWitt. Hacía un momento le revolvía el pelo y ahora le borraba las arrugas del ceño con un dedo. Valentine era, como poco, un tipo peculiar. Y todavía no sabía a ciencia cierta cómo debía tomarse aquellos arrebatos que, poco a poco, comenzaban a tornarse en una costumbre.
En fin, mientras los mantuviera en privado no pasaría nada. No quería ni imaginarse la cara que pondría la gente si llegaba a ver al Ministro tratar con tanta familiaridad a su secretario.

“Lo sabía...” sonrió con sus entrecerrados ojos violeta reluciendo sobre las luces de Luxor, dándole -ahora sí- cierto aire de gato grande y satisfecho.

Sin embargo había esperado otra cosa. No sabría decir muy bien qué exactamente, pero definitivamente no que le pidiera que le explicase cómo era Avalon.

“Supongo que esa es la mejor manera de describir Avalon, como si estuviera sacada de una leyenda.” asintió. “Es verdad que siempre está cubierta de nieve, pero eso le da aún más encanto y también la hace más misteriosa. Aunque sus casas están abandonadas y la mayoría ya ni siquiera se mantiene en pie. Lo único vivo es la Academia y el bosque. Si el Gobierno quisiera podría hacer de Avalon un buen destino turístico. Pero así, tal y como está, da un poco de miedo. Al menos por las noches.” reconoció, encogiéndose de hombros.

Ver todas aquellas casas vacías, con el viento arrancando silbidos en la noche y la luna como única iluminación resultaba bastante tétrico. Pensar, además, en toda la gente que debió vivir allí años atrás no ayudaba a mejorar para nada el ambiente siniestro. Pero por el día resultaba casi mágica. Por supuesto, hablaba de la ciudad y no de la Academia. Se suponía que no eran cosas que debiera saber, pero él y Jane se habían escapado de la Academia las veces suficientes como para saberse al dedillo cada callejuela y recoveco de aquella ciudad. Hasta habían entrado en alguna casa que otra. Aunque siempre con un terror casi reverencial. La sensación siempre había sido la misma que debía experimentar un profanador de tumbas al turbar el descanso de algún muerto.
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DeWitt
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Una sonrisa de niño travieso perfiló los labios del ministro cuando ese “lo sabía” se escuchó a su lado. Intercambiar miradas durante segundos y después aguardar ver satisfecha su curiosidad fue algo grandioso. Sobre todo mientras la descripción de un Avalon de cuento de hadas -o película de terror -se abría paso en su mente. Imaginar las montañas heladas perfilarse en el cielo nocturno y siempre encapotado de la ciudad y casi estremecerse realmente al pensar en el frío que la mantenía helada...
… resultó inesperadamente placentero.

¿Sería difícil vivir allí?

Quería preguntar más, conocer detalles, pero se limitó a apretar los labios. Conocía la realidad por encima de todo, así como Cameron también lo hacía y nadie en su sano juicio daría permiso para abrir las tierras de Avalon al turismo, por más hermosa que fuese, por más perfecta e idónea, por más deseada. No. Jamás el gobierno permitiría que la población llana estuviera tan cerca de aquellos seres estigmatizados: los magos. Qué terrible sería si ocurriese algo ¿verdad?, y de este modo, tan sólo tendrían que enviar un contingente armado, un avión a remoto, lo que fuese capaz de aplastar el problema sin tropezar con trabas morales con suficiente peso para molestar a sus amados y mimados ciudadanos.

Valentine sintió un fuerte golpe en el estómago, tomando conciencia de ello y de la virulenta curiosidad que creció en su vientre al mismo tiempo. Arrastró los dientes sobre el labio inferior y después se pasó la lengua.

- Creciste en la Academia ¿verdad? ¿Cómo es? -Una especie de orfanato, me imagino - ¿Alguna vez lo extrañas?
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Cameron
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¿Todo el mundo lo sabría? ¿Todas y cada una de las personas que vivían en Babel sabrían el verdadero motivo por el que el Gobierno nunca abriría Avalon al turismo? La seguridad, por supuesto, era un buen motivo para mantener a cualquiera lejos de aquel lugar. Avalon no presentaba el mejor clima ni la orografía más adecuada para hacer excursiones ni picnics al aire libre como sí sucedía en Eriador, por ejemplo. Además la concentración de magos que aún trataban de controlar sus propios poderes era demasiado elevado como para resultar cien por cien seguro. Pero... ¿sería la gente consciente de la diatriba moral que supondría tener que elegir entre matar o no civiles en caso de querer deshacerse de la Academia con un misil? Incluso a Cameron mismo se le hacía difícil en ocasiones pensar que su propio Gobierno fuese a ser capaz de algo así en algún momento. ¿O acaso no seguía convencido de que la muerte de Jane, años atrás, no había sido sino fruto de un accidente?
A Cameron, como a muchos otros -magos o no-, todavía les quedaba mucho por ver antes de poder abrir los ojos ante la auténtica realidad en la que vivían. Sabía del rechazo de la población por los magos, pero racionalizaba los motivos. Era normal que les temieran. Eran peligrosos y sin los dispositivos que el Gobierno les implantaba para mantener sus poderes en un nivel razonable incluso serían un peligro para ellos mismos. El Gobierno les apreciaba. E incluso con la lacra que suponían para la sociedad les habían asignado un papel, una función, les habían dado la oportunidad de resultar útiles al tiempo que convivían en paz con el resto de la población.

Sólo a veces, muy de vez en cuando, Cameron se atrevía a cuestionar las decisiones que el Gobierno tomaba en relación con los magos y ponía en tela de juicio si realmente lo que buscaban era el beneficio de su raza o simplemente denigrarlos aún más. Todo esto, por supuesto, siempre para sus adentros, nunca en público y mucho menos en voz alta.

En silencio, el mago asintió con la cabeza a la primera pregunta del Ministro y dejó que su mirada se perdiera en algún punto indeterminado tras Valentine mientras daba una calada. Le resultaba doloroso evocar recuerdos sobre aquella época porque en prácticamente todos aparecía Jane. Y Jane ya no estaba con él. Jamás lo estaría.

“A veces...” reconoció, con la mirada perdida aún, frunciendo el ceño ante su propio descubrimiento. Aunque no me gustaría volver a vivirlo. “Es un lugar grande y supongo que con todo lo que tiene cualquier internado: biblioteca, jardines, gimnasio...” comentó, encogiéndose de hombros. “Pero me gustó más cuando hice la especialización aquí en Luxor. Tenía más libertad. Supongo que Avalon no da muchas cosas que hacer en ese sentido. Era difícil no aburrirse a veces.”

Sobre todo si se estaba solo...
Si lo miraba fríamente sólo había cambiado su jaula en Avalon por una un poco más grande en Luxor. Pero a menos que le trasladaran difícilmente podría reunir el dinero suficiente como para poder viajar fuera de aquella ciudad y ver otros lugares.
No le molestaba, se había resignado en realidad. Tenía un buen trabajo, una vida cómoda y eso era suficiente. Al menos debería serlo.

"El antiguo Ministro fue en dos ocasiones mientras yo estuve con él. Tal vez tú también puedas ir en algún momento." añadió al ver el interés que Valentine mostraba por aquel lugar.
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